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PANORAMA Javier Fernández Arribas
León

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C hina sostiene al régimen de Corea del Norte desde hace años: al abuelo, al padre y al nieto Kim Jong-un, aunque ahora hay que reconocer que no tiene el control total de la marioneta.

El líder norcoreano ha avanzado peligrosamente en el programa nuclear para consolidar un status propio. Pretende lograr autonomía con las armas nucleares que le garantice su permanencia en el poder.

Además, no es lo mismo sentarse a una mesa de negociación con una fuerza considerable como es la nuclear, que regatear lanzando un farol para conseguir combustible, alimentos y medicinas como hacía pocos años antes con la indigna excusa de que muchos norcoreanos morían de hambre.

Una carga de conciencia que no hacía mella en un régimen que tenía muy claro su objetivo de gastar todo el presupuesto necesario en el armamento nuclear para no ser fácilmente prescindible.

China necesita los retos que lanza Corea del Norte para crear inestabilidad y utilizarlo como respuesta a la presión económica y comercial de Estados Unidos, en la pugna por el liderazgo mundial. Además, defender los intereses de empresas chinas en Corea del Norte donde explotan algunos sectores productivos.

A China, también le interesa entretener y desgastar a las tropas norteamericanas desplegadas en la región para defender sus intereses y los de sus aliados, Corea del Sur y Japón, principalmente.

Y lo que es más trascendente, evitar la reunificación de la península de Corea bajo el control del Sur, lo que supondría colocar tropas norteamericanas en la frontera sur-este china. En los planes de los dirigentes chinos no se contempla conceder ese terreno a los norteamericanos.

Como mucho, la idea es poner en marcha en Corea del Norte algunos programas de desarrollo económico bajo el control total del régimen de Kim Jong-un. Un modelo chino que encuentra muchos problemas de encaje en una sociedad norcoreana con pocos recursos y pocos horizontes de futuro.

Corea del Sur responde ahora con rearme en lugar del diálogo y el vocabulario de respuesta militar masiva de Washington no presagia nada bueno, aunque parece apostar por la Diplomacia ante las provocaciones de Pyong yang.

El problema radica en que los norcoreanos hayan sido capaces de colocar una cabeza nuclear en un misil balístico de largo alcance.

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Habría que recordar algo básico de la disuasión nuclear: la destrucción mutua asegurada si se utilizan las armas nucleares. Una catástrofe para todos.