cuerpo a tierra
Algo pasa en Podemos
Ese partido utópico que se ha convertido en el pan nuestro de cada día, a diferencia de los simplemente progresistas, no cree que cambiando la ideología cambiará la sociedad, sino incluso que cambiando la sociedad mutará la ideología. Esta creencia, que a poco que se la deje sola puede dar en totalitarismo —véanse como ejemplo reciente los pasos adelante de Venezuela— tiene una génesis histórica concreta: la Unión Soviética, año 1930. Los gobernantes que sucedieron a Lenin al frente del partido comunista ruso, condenaron a apartamiento de la sociedad y trabajos forzados en los gulags a todos aquellos que cuestionaban algún aspecto de aquel poder omnímodo, dando una dimensión nueva al término de preso político.
No dice uno, claro está, que la cúpula de Podemos tenga esa propuesta pensada para España, pero acaso sí para su propio partido: ya hemos visto cómo ha arrumbado a los anillos de Saturno a aquellos sectores críticos con los rumbos que tomaba la dirección de la formación. Cambiando las bases, cambiarán el partido, pero no tengo del todo claro que precisamente en el sentido que ellos creen. Un partido asambleario que no atiende a la voz de las asambleas es una contradicción en sí misma, algo así como un partido a favor de los animales que estuviera a favor de la muerte de los animales. La incongruencia no es que también vote, sino que tiene larga la memoria y raramente opta por la abstención.
¿Y qué me importan a mí los derroteros que tome el cogollito de la formación morada? Pues no está mal traída la pregunta, con la excepción de un par de detalles. Por un lado, creo que una formación a la izquierda del socialismo es imprescindible para mantener un saludable escaparate democrático nacional. No sé si España es de izquierdas, pero tiene días que lo parece, aunque casi nunca coincidan con el día de las elecciones. Además, no sé por qué, me complacen los partidos de nombre entero, irreductible a siglas. Por otro lado, en fin, es que me parece que el núcleo duro de Pablo Iglesias puede acabar tomando una peligrosa deriva hacia un aparato anquilosado, alejado de las bases, porque se comienza por nombrar guardianes de las esencias y acaba uno familiarizándose con esas formas de repartir ostracismos que se llaman purgas. Y, como cantaba Siniestro total, así empiezan las peleas. A lo tonto.