Autorregulación
La falsedad y la mentira históricas han sido instrumentos de los soberanistas para llevar a cabo sus campañas de fanatización de la juventud catalana, de extensión de un odio irracional a lo español. Y aunque la Constitución española protege explícitamente la libertad de cátedra, como es natural y plausible, no hay ni puede haber norma alguna que ampare la intoxicación intelectual a que se somete a los jóvenes, la mendacidad programada para fines espurios y la utilización del conocimiento con objetivos claramente manipuladores. El remedio a esta tergiversación sistemática no es difícil de arbitrar: habría que crear una comisión universitaria que asegurara la calidad científica de los programas lectivos y de los textos dedicados a la docencia. Y que, por supuesto, impidiera la utilización en la escuela de los actuales manuales de simple adoctrinamiento. Nada tendría que ver esta institución con la censura: cada cual es dueño de ser, si quiere, un radical. Pero lo que no podemos tolerar es que se siga poniendo a nuestra juventud a cargo de extremistas que introducen cuñas en la convivencia.