Diario de León
Carlos Fidalgo
Ponferrada

Creado:

Actualizado:

No amanecía. No. No se hacía de día, como en un cuento de terror. Como en una distopía, atrapado el mundo en la trama de una novela apocalíptica.

En la calle del Agua de Villafranca del Bierzo, cerca del mediodía, los escasos automóviles que circulaban entre las casas blasonadas lo hacían con las luces cortas encendidas. El cielo, de color cobrizo, ocultaba el sol. Encogía el corazón.

En Ponferrada, la oscuridad de la noche había dejado paso a una leve penumbra rojiza. Y asomado a la ventana, mientras contemplaba la ciudad, más de uno se imaginaba que así despertaría el planeta después de una catástrofe nuclear, al día siguiente de que un meteorito gigantesco atravesara la atmósfera y llenara el aire de partículas extraterrestres, o el día del Juicio Final, cuando se levantan los muertos.

Y no era ningún eclipse de sol. Era el humo de decenas, cientos de incendios declarados en Galicia. Y en Asturias. Y también aquí, en el Bierzo, donde ha vuelto a arder el monte Pajariel.

El cielo rojo, el aire cargado, irrespirable, el olor a incendio cercano, recordaba al ambiente amenazador de La carretera, la novela de Cormac MacCarthy sobre el final de la civilización que John Hillcoat convirtió en la película del desasosiego, o al horizonte deshabitado de Las Vegas en Blade Runner 2049, la secuela de la obra maestra de Ridley Scott que estos días ocupa las carteleras de los cines.

Y no era ninguna ficción, no. No era ningún mal sueño, ninguna pesadilla. Era la estela de los fuegos de Galicia, donde han muerto cuatro personas. Y de la vecina Portugal, donde son más de treinta los fallecidos este otoño seco y caluroso. Este otoño donde el cambio climático, la necedad de quienes queman el monte —por los usos agrarios, ganaderos, por la caza, por la economía del fuego o por trastorno, por simple maldad— y la incompetencia de las administraciones que no encuentran soluciones (¿las buscan de verdad?) a un problema que se agrava cada año han vuelto a dejar en evidencia, más que nunca, lo vulnerables que somos.

Y ya puede llover, como en el final Blade Runner, o puede nevar, como en su secuela, que en el mundo real, el de todos los días, sólo nos cae ceniza.

tracking