Publicado por
ernesto escapa
León

Creado:

Actualizado:

Con una economía aterida por el espanto acumulado del derrumbe de la minería y de una cosecha catastrófica, León ha conseguido para 2018 el entorchado turístico de Capital gastronómica de España. Como el reclamo del ascenso reciente de la Cultural, su eslogan Manjar de reyes ha tenido el acierto de llamar la atención sobre una gastronomía milenaria y moderna, cuya variada diversidad descansa en una materia prima extraordinaria. Vila-San Juan, en Alacena y bodega, uno de mis libros gastronómicos de cabecera, afirma que «la provincia de León tiene una de las cocinas más auténticas que en España existen. Los grandes señores que en ella habitaron y los ricos monasterios que alzaron en ella sus piedras, crearon una tradición del buen comer que continúa viva y latente. Los abundantes pastos están en el origen de buenos quesos, de deliciosa mantequilla, de purísima leche, de carne extraordinaria. Y el pimentón del Bierzo, administrado en mayor o menor cantidad según la temperatura del parte meteorológico, alegra y encalabrina los condumios. Los ríos montaraces brindan truchas, las huertas pimientos y el arte de los leoneses en la preparación de embutidos es proverbial en el país. La buena mesa está asegurada».

Luego divaga por el racimo de tascas del Húmedo (una geografía de picoteo en la actualidad ya extendida a la otra orilla de la calle Ancha), con elogio de sus tapas, resaltando la singularidad de los vinos de aguja, que permiten arrogancias que con otros caldos resultarían funestas. Pero la referencia de Vila-San Juan, como la más cercana de Pacho Reyero, cumplen ya la cuarentena, y si algo no se durmió nunca en León es el condumio. Por eso, mi consejo a quienes estos días con frecuencia nos interrogan a los leoneses sobre las estaciones que debe cumplir el visitante gastronómico a León, es que exploren también la provincia y que no reduzcan su curiosidad a la degustación de los productos consagrados. Que no se limiten a la cecina, la morcilla, el botillo y el cocido maragato.

Un acierto notable ha sido esta vez sumar en la candidatura productos y cocinas de todas las partes de la provincia, porque la capital es el rompeolas donde confluyen, y no limitar su gancho a las estrellas consolidadas. Lugares hace algún tiempo insospechados, como Viñayo, Fasgar, Canedo, Jiménez de Jamuz, Riello, Camposagrado, San Emiliano o Villamanín, ofrecen al visitante tentaciones gastronómicas que obligan a repetir, mientras los clásicos destinos de Sahagún, Remellán, Valencia de don Juan, La Bañeza, Mansilla, Valdevimbre, Villafranca del Bierzo, Boñar, Cistierna, Astorga, Villaobispo, Castrillo de los Polvazares, Ponferrada o Cacabelos renuevan con audacia su menú de sabores tradicionales para no defraudar.

Cargando contenidos...