CUERPO A TIERRA
El sueño de la medusa
Para mí, el trabajo emprendido por el científico norteamericano Paul Sternberg es sin ninguna duda el empeño del año y no me extrañaría nada que, en un par de lustros, lo viéramos coronando las cimas del Nobel de medicina. Por si el lector no se ha enterado, digámosle que este investigador del Instituto Médico Howard Hughes (el Hughes productor de la película Hermanos de armas, primer milmillonario estadounidense y creativo evasor de impuestos) se ha propuesto demostrar que el origen del sueño es anterior a la aparición de un sistema nervioso centralizado. Traducido al Román paladino: que se necesitan muy pocas neuronas para dormir, aunque no especifica cuántas son precisas para madrugar. Para ello, sus experimentos se han centrado en el estudio del sueño de las medusas y pretende ampliarlos a las esponjas, seres que habitan los mares y que, se concluye, también necesitan regenerar mediante las artes de Morfeo sus agotadas células buceadoras.
Los resultados del estudio han permitido proclamar que el de la medusa Cassiopea «es el primer ejemplo de sueño en animales sin cerebro». Se ve que al esforzado científico no le han llegado noticias sobre algunos de los ejemplares que acuden al congreso de los diputados o al parlamento catalán, porque de haberlo hecho no habría albergado esa duda ya que no son pocos los capaces de hacerlo en horario de trabajo y con los ojos abiertos, incluso jugando al Candy Crush o firmando con pompa y circunstancia papeles mojados en un sótano con ujieres. Acaso cierta desinformación pueda achacársele a este hombre de ciencia, pero tampoco podemos pretender que un señor de Maryland se conozca al dedillo los endemismos ibéricos, al menos sin que nos tachen con bastante razón de localistas.
¿Y cómo le dio a Paul Sternberg por una materia de análisis tan principal y apasionante? Pues no fue inspirado por aquella vieja canción de Daniel y la Quartet de baño Band, nos dice, sino para intentar resolver la que a su juicio es la gran cuestión hasta ahora sin respuesta: «¿Todos los animales duermen?». Hombre, de los que tienen documento nacional de identidad casi puede afirmarse que sí, aunque sea con somníferos. Lo que de verdad valdría la pena discernir —piensa uno— es si todos son capaces de estar despiertos. Pero, «piano piano», también se llegará a eso. Muchos de los grandes logros de la Humanidad proceden de preguntas que parecían banales.