LA GAVETA
Everest
De la editorial Everest, lo que más me gustaba eran aquellos libros turísticos, muy bien editados, dedicados a cada provincia española. Estoy hablando de los años 70 y 80, cuando esa colección inundó las librerías de España. Los volúmenes eran sólidos, ambiciosos, impresos en papel satinado, de gran calidad, y cuajados de fotografías. Por si fuera poco, muchos de estos libros albergaban verdaderos textos literarios. Pienso ahora, muy especialmente, en el libro dedicado a Lugo. Que escribió el gran Álvaro Cunqueiro. Esa guía yo la leí con fascinación, paladeando cada palabra. Cunqueiro lo convertía todo en gran literatura, y con su arte verbal hizo del prontuario sobre Lugo y sus comarcas un hermoso artefacto literario, de sabias raíces históricas. De humor, tiempo y sabiduría.
Pero no solo Cunqueiro fue colaborador de la editorial. Muchos otros escritores solventes firmaron los textos que nos informaban sobre las demás provincias. Lo mismo sucedió cuando la colección, que fue un gran éxito, empezó a dedicar libros individuales a islas, ciudades, parques naturales, comarcas… Todos esos libros se editaron cuando nadie en España hacía algo parecido. La colección fue un camino hacia el conocimiento del país, hacia su variadísima entraña. Y fue, muy probablemente, la más hermosa que se hizo en España sobre el particular a lo largo del siglo XX.
Miro ahora en los anaqueles los libros que tengo de esa colección. Veo las fotos en color que asoman en sus lomos, leo los relevantes nombres de quienes escribieron las guías y luego leo las noticias que narran el último trámite de la liquidación final de la editorial Everest. Una importantísima industria cultural de León que llegó a tener más de trescientos trabajadores, que publicó infinidad de libros, de colecciones, de vida… y que ahora afronta sus últimos lances liquidatorios. Una verdad ante la que solo puedo sentir pena, como tantos leoneses la han de sentir, estuvieran o no vinculados a Everest. Pena porque unos libros que se fabricaban aquí, que conformaban muchas colecciones y temáticas, unos libros que estaban por todas las librerías de España y de Latinoamérica, ahora ya solo son recuerdo. Por lo demás, no conozco ni me interesan los pormenores empresariales, los posibles errores, el contexto o el infortunio. Me limito a lamentar una pérdida enorme. Y solo me queda, para consolarme como lector, volver al libro sobre Lugo, de Álvaro Cunqueiro, y disfrutar de cómo las palabras pueden convertirse en agua y en alegría, en aquellas mil primaveras que el escritor de Mondoñedo pedía para su idioma gallego. Y seguro que también lo pediría para el idioma español, que embelleció como solo saben hacerlo los escritores de Galicia. Bajo el magisterio del más grande de todos, don Ramón María del Valle-Inclán, quien, por cierto fue lejano pariente de don Álvaro.