Diario de León

TRIBUNA

Los mayores en el mundo rural leonés

Publicado por
Prisciliano Cordero del Castillo SOCIÓLOGO
León

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T odos somos conscientes del grave problema de envejecimiento que se registra entre la población rural leonesa y, al mismo tiempo, hemos contemplado durante décadas el deterioro del mundo rural. La población anciana y el contexto rural han experimentado unos cambios tan profundos, que están haciendo del mundo rural algo residual, con escasez de servicios, y de los mayores un colectivo marginal, frágil y dependiente. El despoblamiento progresivo de grandes extensiones de territorio, antes organizado en pequeños núcleos de población capaces de ofrecer un modo de vida adecuado a sus pobladores, ha tenido como consecuencias inmediatas una disminución de la población, un notable envejecimiento de la misma y una falta de recursos y oportunidades para sus habitantes.

Para entender correctamente el binomio: población anciana y mundo rural, sería necesario conocer los datos demográficos y las difíciles situaciones de los mayores en este medio. Estas circunstancias son en gran medida compartidas por todos los mayores y condicionan no sólo el hecho objetivo del envejecimiento sino, también, la demanda subjetiva de servicios sociales que aseguren a todas las personas mayores por igual un envejecimiento activo y gratificante.

Si analizamos la situación demográfica de León, podemos ver como su proceso de envejecimiento es cada día más grave. Teniendo en cuenta que los valores medios de una población demográficamente sana son: población de 0 a 14 años: el 25% del total, de 15 a 65 años: el 65%, y de 65 años y más: el 10%, si comparamos esos valores medios con los datos de León, nos encontramos esta realidad demográfica: población de 0 a 14 años: el 10,77%, frente al 25% de valor medio, población de 15 a 64 años: el 63,16%, frente al 65% de valor medio, y población de 65 y más años: el 26,06%, frente al 10% de valor medio. Más aun, de ese 26,06% de ancianos, 49.775 personas tienen más de 80 años.

Según estos datos, León registra 16 unidades por encima del valor medio de la población anciana, lo que la convierte en una sociedad altamente envejecida, casi en una gran residencia de tercera edad. Si analizamos el hábitat, se suele considerar sociedad rural aquella que reside en municipios inferiores a 10.000 habitantes, y sociedad urbana la que reside en agrupaciones de más de 20.000 hab. Según este criterio, la población está distribuida entre urbana, el 55,3% del total, y rural, el 44,7%. Pero además ese 44,7% de población rural está repartido en su mayoría en núcleos menores de 100 habitantes. Estos datos ponen de manifiesto el alto grado de ruralización de la provincia frente al que registra España: el 79,7%. de población urbana frente al 20,3 % de población rural.

Según diversos estudios cualitativos el diferente tipo de hábitat confiere a los mayores una diferente forma de envejecer. Por ejemplo, vivir y envejecer en el pueblo trae consigo ventajas, como un proceso gradual en el cese de actividad o jubilación, más proximidad con la familia y el vecindario. Aunque esta interacción se está perdiendo en muchos núcleos rurales, por falta de lugares de reunión y por la lejanía de la familia. Pero también se producen efectos negativos, como menor acceso a los recursos socio-culturales, asistenciales y de ocio, y aislamiento geográfico y social, lo que crea sentimientos de soledad.

Por otra parte, mientras más reducidos son los núcleos de población rural, proporcionalmente mayor es el número de personas mayores y estas son más ancianas. La emigración de tiempos pasados, la ausencia de natalidad y la mayor esperanza de vida, hacen que muchos núcleos de población estén desapareciendo o queden habitados casi exclusivamente por ancianos. Además, el aislamiento geográfico que todavía hoy sufren algunas comarcas, añade graves problemas de acceso a los servicios, principalmente a las personas mayores. Estas circunstancias llevan a un sentimiento de soledad, que es uno de los principales males que hoy sufren las personas mayores.

El trabajo, la familia y la salud son los ejes principales que estructuran y definen la existencia humana. Pues bien, cualquier cambio sustancial que afecte a alguna de esas esferas, ya sea laboral, familiar o el estado de salud, representa un grave riesgo para la aparición del sentimiento de soledad. Todas estas notas son alguno de los rasgos que condicionan no sólo el hecho objetivo del envejecimiento sino, también, la demanda subjetiva de servicios sociales. Ante esta panorámica social de los mayores en el mundo rural, consideramos necesarias las siguientes actuaciones:

1. Un servicio de proximidad o de transporte. Las personas mayores desean envejecer y vivir en casa y ser atendidos por su familia. Pero en muchos casos la familia no puede hacerse cargo de este servicio, por lo que tendrá que hacerlo la administración a través de servicios de proximidad y acercamiento, principalmente en zonas aisladas, sin transporte público y ante problemas de dependencia.

2. Servicios de ayuda a domicilio, que han de realizarse de manera individualizada y con un esfuerzo permanente de adaptación a las peculiaridades del medio rural concreto. Para alcanzar estos objetivos, sería necesario una formación y asesoramiento al personal para la atención integral de las personas usuarias y una serie de servicios, como atención domiciliaria, la tele-asistencia, servicio de comidas a domicilio, transporte para gestiones personales.

3. Centros rurales de atención. En ocasiones, las personas mayores que tienen problemas de dependencia o se encuentran en situación de aislamiento social necesitan que se sustituya la atención en el domicilio por otros recursos más intensivos. Y estas situaciones de más necesidad de apoyo deben realizarse en el entorno habitual con el fin de no romper sus relaciones con la familia, con los vecinos y con el entorno. Las personas que se definen como «frágiles», aquellas de edad avanzada, pérdida de movilidad, estado de viudez, carencia de redes sociales, soledad, etc., pueden tener necesidad de institucionalización, pero antes de tomar esa decisión, es necesario probar otras formas de atención más personalizada, como: Centros Rurales de apoyo o de atención diurna, viviendas tuteladas o mini-residencias, centros polivalentes de recursos, alojamientos hetero-familiares, que se dan cuando las personas mayores se integran en una familia diferente de la propia, y los acogedores reciben una prestación económica a cambio del alojamiento, manutención, atención y compañía. Estas pueden ser algunas de las políticas a seguir para asegurar una atención y una calidad de vida a esas personas mayores que viven todavía en los pueblos de León.

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