Diario de León
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el gallo
León

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Todas las previsiones efectuadas por los nacionalistas y exhibidas con euforia ante la ciudadanía se han frustrado estrepitosamente. Los agentes económicos aceptarían la independencia con naturalidad, y bastantes más de 2.000 empresas, encabezadas por los grandes bancos y por prácticamente todas las del Ibex, han salido precipitadamente de Cataluña en busca de la estabilidad que proporciona la seguridad jurídica. La nueva ‘República de Cataluña’ permanecería en la UE y encontraría rápido reconocimiento internacional, y Bruselas se ha ocupado de expresar todo lo contrario, en tanto se hacía un gran silencio internacional, sin un solo respaldo a la descabellada aventura. Ha sucedido, en fin, lo que cabía esperar. Lo obvio. Pero afortunadamente los soberanistas se han caído del guindo. Caerse del guindo es, según una de las acepciones de la Academia, «caer en la cuenta o enterarse de algo obvio». Y Puigdemont ya declaraba esta semana que «siempre es posible» una solución diferente a la independencia, casi a la vez que Clara Ponsatí (ERC) manifestaba que ni el Govern ni Cataluña estaban «preparados» para desarrollar la república. Probablemente, uno de los baremos para calibrar la inteligencia de las personas es la rapidez con que interiorizan las obviedades. Esta regla deja en muy mal lugar a los soberanistas.

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