AL TRASLUZ
Hermano lobo de mar
Sabía que a Juan Carlos Vázquez le gustaba el mar, lo que ignoraba es que hizo la mili con Neptuno. Cuánta sabiduría en oleajes. Estoy leyendo el manuscrito de su novela El nombre de los barcos, con la que acaba de recibir el premio Felipe Trigo. Contiene una extraordinaria descripción de una gran tempestad en altamar, que provoca el naufragio de un barco. No la resuelve en un par de páginas, ha edificado un portentoso capítulo para no sólo meterte en ella, sino arrojarte al centro de la misma y allí te las compongas si no sabes nadar. Sin duda, este logro estilístico hubo de ser muy valorado por el jurado. Logra que sientas estrellas de mar en los calcetines. Escribir no es fácil, ninguna prosa deja que la navegues sin oponerte resistencia. Además, el arrecife más peligroso es tu propio miedo. Nuestro amigo Vázquez acaba de cumplir 50 años. Medio siglo ya de travesía. Y con sus valores personales y profesionales intactos, aquellos con los que le conocí cuando él era un redactor en prácticas. Porque de eso se trata, no del viaje sino de cómo regresas. Es de la clase de persona con la que uno quisiera naufragar, si no hay más remedio que tirarse unas semanas compartiendo una tabla y una bolsa de pipas, a merced de los tiburones. Buena gente. Me gusta proclamarlo en estos tiempos tristes, donde algunos preferirían ser liliputienses antes que españoles. Nuestro amigo Vázquez es el compañero de pupitre ideal, el yerno perfecto. Un hermano lobo de mar. Y capaz de describir una tempestad como si antes que cocinero hubiese sido grumete con Haddock.
Mientras, Puigdemont sigue metiéndose en charcos. Ahora esgrime que es partidario de someter a referendo de los catalanes si desean continuar en la Unión Europea y con el euro. Así, con dos puigdemontnes, si se permite una expresión piratesca. Qué mareo de prófugo. Qué lastre.
Juan Carlos nunca ha sido ancla para nadie, sino viento favorable a todos. Aquí te van, amigo, estos versos del poeta catalán Maragall, sacados de Excelsior: «sempre, sempre mar endins (siempre, siempre mar adentro).../no s’acaba el teu viatge/ (no se acaba tu viaje)/ no s’acabara mais més...(no se acabará nunca más). Que el mar de la literatura te sea propicio.