SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?
La dignidad de la mujer
S oy consciente de que todos los días se escribe y habla acerca de la violencia que sufre la mujer en todos los ámbitos. Desgraciadamente, no hay día en el que noticias luctuosas nos impacten y quiebren el ánimo.
La violencia sobre la mujer es de esas cosas que por mucho que se hayan pegado como un parásito en nuestras vidas, no logramos normalizarlas y sacudirnos un sentimiento de culpabilidad fruto de una conciencia que se rebela contra la injusticia.
Ejercer violencia contra la mujer nos estigmatiza a todos, a los agresores y a las víctimas y a todas las personas, dice muy poco de la naturaleza humana. Violentar a una mujer es violentar la naturaleza humana, es ir contra lo femenino, aquello que representa vida, amor, refugio, piedad… ¿Quién al ver a su madre no siente estos sentimientos? ¿Quién no recuerda de niño tras caerse una caricia materna y un beso que te recuperaba como la mejor de las medicinas?
Uno de las exhortaciones más bonitas acerca de la mujer y su puesta en valor la escribió Juan Pablo II en su carta apostólica titulada Mulieris Dignitatem. Impregnado de una gran sensibilidad y amor fruto de su devoción por María, madre de Dios, esta pequeña obra es todo un tratado de referencia para entender lo que representa la mujer para el mundo.
Insta a que nos libremos del mal, que lo despreciemos y lo hagamos juntos, hombres y mujeres, en plena comunión. De esta manera la realización de ambos será plena. No cabe el sometimiento de la mujer al hombre. No caben dudas a este respecto, Dios es amor y ama por igual a hombres y mujeres porque los dos son imagen y voluntad suya.
Este mensaje es válido para creyentes y no creyentes, para listos y para tontos, es muy sencillo y fácil de entender. Nuestras madres, esposas, vecinas, amigas o desconocidas forman como nosotros un todo que necesita de nuestra voluntad para construir un mundo mejor.
La carta no deja tampoco dudas respecto la plena igualdad de la mujer. Aboga por una lucha por la dignidad de la mujer más allá de una mera lucha por la igualdad material, propugna una lucha que trascienda las consciencias y se implante en el corazón humano de forma definitiva. Esa lucha por la dignidad no se librará solo en el terreno masculino sino que es necesario también persuadir a aquellas mujeres a las que han logrado inocular el veneno de la esclavitud y subyugación fruto de doctrinas alienantes.
Dignificación de la mujer no significa su masculinidad restringiendo su campo de actuación a la sustitución del hombre por la mujer. Lo femenino tiene su naturaleza propia al igual que lo masculino. Una sustitución radical, forzada, no conduciría más que a una nueva discriminación y un logro de igualdad artificial.
A los cristianos no nos queda más remedio que asir la cruz con todo lo que ello significa y continuar el ejemplo de Jesús. Jesús marcó el camino a seguir en el trato respecto de las mujeres. Debe hacerse una precisión y es que su historia se produjo hace dos mil años. Escandalizó a muchos, y en eso tuvo que ver en gran medida su relación con las mujeres. Les dio un papel protagonista en su vida. Su madre, María Magdalena y otras fueron protagonistas de hechos clave en su mensaje. Hablaba y trataba a las mujeres en igualdad, confiaba en ellas, no despreciaba a las pecadoras, las acogía y consolaba. En aquella época era poco más o menos que un atentado contra las buenas costumbres e incluso se podría decir que violentaba alguna ley patriarcal, cuestión dicho de paso que a Jesús no le preocupaba en exceso. No le preocupaba porque el centro de su mensaje fue el amor y amor significa también plena dignidad para nuestras madres, esposas, hijas, mujeres conocidas o desconocidas.