Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Zidane dice que «el balón no quiere entrar». En cambio, Oriol Junqueras lo que quiere es salir. Y Puigdemont meter sin pisar el campo. Ya he recordado aquí en otras ocasiones aquella genial ocurrencia de Fernández Flórez, cuando pidió que el casi gol también puntuase. No se le hizo caso. «También yo en mis años mozos casi meriendo con Celia Gámez», dirá ese lector antidiluviano que todos los columnistas tenemos. En cambio, la Cultural combatió el frío metiendo goles de verdad, de los de cuero y hueso. Ahora es cuando el lugareño espeta: «¿Frío? Esto es no nada, antes la nieve en León daba patadas en los mismísimos». Me lo creo, hice el campamento militar aquí. Por algo esta tierra ha aportado al mundo tres grandes remedios caloríficos: la sopa de ajo, el baile agarrado y la armadura con felpa. Dada como se las gasta aquí la estación lo que no íbamos a inventar es el paipai, las bermudas y el tinto de verano. Ah, aquellos sabañones del Medievo, no es de extrañar que estuviesen deseando que llegase la Edad Moderna. «Don Nuño ¿nos rompemos unos huesines para matar la rasca?». Y don Nuño presto: «¿Con maza o a espadazos, conde Onofre?». Y el juglar: «¿Pueden vuestras mercedes atizarme también a mí unos mandobles? Es que mis leotardos son de seda y tengo las pantorrillas como estalactitas de la cueva de Valporquero». Luego, llegó Alfonso IX y descubrió que no hay mejor brasero que el parlamentarismo. Y unos siglos más tarde, las patatas Blas picantes. Pero todo tiene su origen, en efecto, en nuestro invierno de catorce meses. Ahora bien, como en León en ninguna parte.

Y en Fitur, no le puede escapar a la comitiva institucional ni un estornudo. Este va a ser nuestro año. Una vez el turista aquí, ya se le hará entrar en calor, aunque haya que darle orujo en vez de agua o retarle a duelo debajo del puente del Bernesga. ¿Será por imaginación?

Antaño, meterse un periódico debajo de la camisa era el recurso calorífico secreto. Ven, eso la prensa digital no puede ofrecérselo a sus lectores. Ay, invierno, metáfora de la vida, que inspiraste a Ricardo III bellos versos shakesperianos. Qué bello eres, condenado. No te echamos, pero ¿no podrías salir antes y dejar que entre la primavera?

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