Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Tras la posverdad, ahora la sexverdad. Una actriz y directora porno, Stormy Daniels, afirma que mantuvo durante seis años un aquí te pillo aquí te mato con Trump, cuando éste aún no se dedicaba a la política pero ya era un hombre casado. Lo publicó The Wall Street Journal, que para eso informa de lo que sube y de lo que baja en la Bolsa. Al principio, ella lo negaba con boquita de piñón, pero luego lo ha reconocido en la revista InTouch, enchufada a un polígrafo, seguro que no por amor al arte. La sexverdad, toda la sexverdad y nada más que la sexverdad. El primer meneíllo (little meneo) fue en un hotel, y tras coincidir en un torneo de golf para famosetes. La actriz ha calificado el estilo golfo de Trump como «genérico, de libro de texto». O sea, no para tirar cohetes, pero tampoco para quedarse dormida a la mitad. En 2011, ya lo había desvelado en una revista del corazón, pero ahora esta ‘segunda dama’ tendrá que pagarse algún implante de algo, no necesariamente dental. Los abogados personales del presidente lo niegan todo, aunque no estuvieron allí. En principio, no me merece mucha credibilidad alguien que rueda versiones porno de El hotel de los líos, pero aún menos un presidente machista y xenófobo, autodeclarado genio, y que presume de que su botón es más grande. The Washington Post asegura que durante las elecciones eran numerosos los medios que conocían la noticia, pero ante la negativa de ella a confirmarla no la publicaron. Allí el sexto es más pecado que aquí.

Trump acaba de entregar -por Twitter- los premios Fake News (Premios Noticias Falsas), a los medios -según él- más mentirosos. ¿Está a España a salvo de ser gobernada un día por alguien así? Rotundamente, no. Ojo al populismo.

Asegura miss Stormy que empezó en el negocio del sexo a los 18 años: «para sacarme algún dinerillo extra con el que pagarme los vicios». Mejor no preguntemos cuáles. Como argumentaba The New York Times respecto a los rifirrafes del mandatario estadounidense con Jong: «Podría ser divertido, si no estuviese en riesgo el futuro del planeta». No le votes, no le temas. Y sí, apliquémonos el cuento de terror. Mientras, Donald lleva unos días durmiendo en el sofá. Y no precisamente por roncar.

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