Diario de León
Publicado por
EL MIRADOR Esther Esteban
León

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N o lo ha tenido fácil ni lo tendrá, como no lo tuvo su padre ni su abuelo, ni prácticamente ninguno de sus antecesores en las convulsas monarquías españolas... El rey ha cumplido medio siglo y desde su proclamación, ya en plena madurez y en circunstancias excepcionales, no ha tenido un respiro. Dicen que su abuelo, hijo y padre de un rey, pero no rey, le advirtió, casi en el lecho de muerte, de que se cuidara de las «amistades peligrosas» pero los peligros a Felipe VI le han venido por otros lados y no han sido precisamente pequeños. «La Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respeto y su confianza; y para ello, velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente», dijo el día de su proclamación, cuando el caso Noós pesaba sobre la institución como una losa y él era consciente de que su mandato tenía que ser ejemplar y ejemplarizante.

Felipe VI acertó luego en su primer discurso como rey el día de Nochebuena y marcó una estela de lo que ha venido siendo su actuación desde entonces. Habló entre líneas pero se le entendió todo, tanto cuando se refirió a la corrupción, «debemos cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción», como cuando hizo alusión al desafío independentista. Habló de ejemplaridad y dijo que «no existen tratos de favor por ocupar una responsabilidad pública», de Cataluña «la llevamos en el corazón nadie en España adversario de nadie», de los retos «regenerar nuestra vida política y preservar nuestra unidad y pluralidad y también de recuperación, el paro es clave. La economía siempre al servicio de las personas». Hizo un discurso pegado a la calle, cercano a los ciudadanos y tal vez por ello, por primera vez desde hacía mucho tiempo, las palabras del Monarca, tan criticadas por parte de la oposición no recibieron en aquella ocasión una crítica furibunda ni de los nacionalistas ni de Podemos ni de los republicanos.

Felipe VI hizo entonces y luego insistió en comparecencias posteriores un llamamiento la regeneración democrática, que es una manera fina de reclamar a los líderes políticos que se pongan «manos a la obra». Pero si la corrupción era y es un problema que todavía sigue coleando, lo más complicado le ha venido a Felipe VI de la mano de Cataluña, de ese bucle imposible, de ese bloqueo institucional sin precedentes.

Justo es reconocer que el Rey cumple su medio siglo con un alto sentido de su responsabilidad y de la institución que representa.

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