Diario de León
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Durante los años de la recesión económica el sector financiero leonés redujo su número de trabajadores a menos de la mitad y dejó su red de sucursales en toda la provincia en un tercio menos de lo que tenía antes de iniciarse la crisis. Es un proceso que puede parecer que se ha tomado un respiro, aunque las salidas de empleados del sector son y seguirán siendo constantes. Sin embargo, se avecina un nuevo período de reestructuración que está ya diseñado en el corto plazo y que esta vez no sólo tiene que ver con el número de trabajadores y oficinas, sino con un cambio del modelo de negocio que en la mayor parte de las entidades aún está por afrontar.

Ya mucho tiempo antes de que comenzasen las dificultades que durante un decenio han atenazado a la economía, y han revolucionado el universo financiero (han desaparecido más de 50 marcas del sector nacional), el mundo de la banca utilizaba la estrategia de los incentivos para permitir una salida airosa a la parte más envejecida de sus plantillas. Envejecida desde el punto de vista de sus intereses: trabajadores de poco más de 50 años encontraban un camino ventajoso hacia la jubilación, que aunque con menos generosidad sigue produciéndose hoy en un goteo interminable en las entidades; mientras para la mayor parte de los asalariados el Gobierno y los expertos legislan un retraso paulatino en la edad de retiro laboral. Las entidades financieras siguen pergeñando planes para prescindir de sus trabajadores mucho antes de que lleguen a los 60 años, mientras oficialmente la edad de jubilación se retrasa en varios lustros sobre este cálculo, y seguirá aumentando.

Plantillas más jóvenes, peor retribuidas, con menos derechos y capacidad reivindicativa; aunque también con mayor capacidad para afrontar el reto de la multicanalidad que debe afrontar el sector financiero, son el argumento para abordar este proceso. Que se ha tomado unos meses de respiro pero volverá con fuerza en poco tiempo. El criterio de la rentabilidad económica es un peligro en territorios como el leonés, donde la rentabilidad social tiene enorme peso de responsabilidad pero poco retorno económico. La exclusión financiera de una gran parte de la población es una amenaza que no debe ser consentida.

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