al trasluz
Bailón de bodas
Quién nos iba a decir que don Mariano es bailón en bodas. Lo hemos podido constatar en un vídeo «pillado» en el banquete de una, la del hijo de un amigo registrador. Fue al ritmo de «Mi gran noche». Lo cierto es que muchos le hacíamos de quienes permanecen sentadines. Vamos, café, copa, puro y chiste de Puigdemont. Pues no, menea el esqueleto. Supongo que porque las señoras empezaron a corear: «¡Que baile, Mariano, que baile, Mariano!». Para un político, los deseos de las votantes son órdenes y hasta genuflexiones. Eso sí, el presidente más que bailar se desliza. O sea, Iceta no le elegiría para salir de gira. Rajoy baila en gallego: un paso para adelante y otro para atrás. O sea, en prudente y sin contorsionismos. Por ejemplo, cuando Raphael dice: «Olvidaré, la tristeza y el mal/ Y las penas del mundo», clímax apoteósico de la canción, no dio una voltereta hacia atrás ni hizo la peonza bisbaliana. Le entiendo, quienes estamos en la edad de los calambres hemos de ser muy prudentes con los movimientos bruscos. Y nada que objetar a la melodía elegida. Un clásico de la noche me confunde. En la letra todo queda en el misterio, pudo ser la más grande o pudo no serlo. En fin, nada sabemos si a don Mariano le dieron las diez y las once, las doce y la una como a Sabina… o se marchó enseguida a dormir. A tenor del jolgorio, hubo juerga para rato. Al menos, no fue sorprendido bailando Los Pajaritos, de haber sido ya estaría la oposición exigiendo la comparecencia urgente, con comisión de investigación al canto. Por menos, cayeron gobiernos.
Leo en El Periódico de Catalunya que un joven de 19 años se ha tatuado en el trasero el rostro de Puigdemont. «Estoy convencido de que si acaba enterándose de que me he tatuado su cara se lo tomará bien» razona, por decir algo. Este sí que ha tenido su gran noche y tres cuartas partes de futuro.
El ministro de Justicia, Rafael Catalá, al ser preguntado por el vídeo de su jefe ha declarado: «Cada uno baila con la gracia que Dios le ha dado». Mientras, en Waterloo, Puigdemont mira una y otra vez las imágenes de Rajoy danzante y le dice a su amigo mecenas: «Escolta tú, bailar de lejos no es bailar». Ah, la envidia, esa canción de todas las estaciones.