cuerpo a tierra
Tranvía escurialense
Hablando con sinceridad, uno no esperaba que fuera a ser más rápido que un cambio de criterio del grupo municipal de Ciudadanos, pero la verdad es que tampoco llegué a imaginar que fuera a demorarse más tiempo que la construcción a finales del siglo XIX del viario entre La Robla y Bilbao. Me refiero a la consecución del tranvía de nuestra ciudad, un paseo de menos de tres kilómetros frente a la línea de vía estrecha más larga de Europa Occidental, esos 335 kilómetros que se erigieron en apenas cuatro años allá por 1890, atravesando zonas montuosas, salvando desniveles y todo ello en pesetas, sin la «ayuda» de la Junta de Castilla y León y sin el inestimable concurso de Feve ni de Adif. Menudos debían de ser aquellos leoneses decimonónicos, que arrancaron el Hullero en menos de un lustro, sin tecnología punta y hasta sin concursos de ideas. Se hablará ahora de problemas económicos, parones y trabas, pero yo creo que aquella capacidad de iniciativa ya no la poseen ni los emprendedores, que tienen que ir a escuelas de emprendedores. ¿Tanto hemos cambiado?
Para quien ya no se acuerde, por el tiempo transcurrido, recordar que la idea del primer tranvía en nuestro siglo la tuvo Cecilio Vallejo en el 2000, la impulsó siete años después el alcalde Francisco Fernández, que iba a trazar cinco líneas, y el proyecto definitivo, con un solo recorrido, se reformuló en 2012 con la famosa trinchera y un trayecto entre la Estación de Matallana y la Universidad. Y en esas seguimos: con las vías casi terminadas y sin circulación. Como Santas Martas, con tren pero sin tranvía. Ni visos de él, a la espera del reglamento de circulación, un informe que lleva veinte meses redactándose en Fomento, como reveló en estas mismas páginas Álvaro Caballero. El anteproyecto de la Constitución, por ejemplo, tardó once.
A ese ritmo frenético, uno confiaría en que, de aquí a una década, haya leoneses que admiren y circulen en el tren tram. Pero a ver, porque hace diez años Victoriano Crémer escribió algo que hoy sigue muy vigente: «O sea, que nos quedamos sin talleres de la Renfe, sin avión para viajeros apresurados y sin tranvías. Ahora que eso sí: En León se seguirá manteniendo la historieta de lo uno, de lo otro y de lo de más allá, hasta que nos nombren algo. Por qué de eso se trata ¿no?».