NUBES Y CLAROS
Corazón de luto
Que tire la primera piedra aquel periodista o aquel funcionario que no haya tenido pegada en su pantalla del ordenador alguna viñeta de Forges. Quien no haya sonreído, más que reído, con los dardos certeros y clarividentes, adornados siempre de ternura, que nos ha regalado durante tantos años. Quien no haya sentido un pellizco de dolor en el corazón y un vuelco en el estómago al saber que la entrañable tribu de Forges guardará ya silencio para siempre. Aunque quizá, y de eso saben mucho los que tiran de hemeroteca, todos y cada uno de sus dibujos seguirían teniendo cabida en la actualidad de esta vida loca que se empeña en girar sobre el mismo (y torpe) punto.
Mira que ha sido intensa la semana leonesa. Que nos han golpeado de nuevo las imágenes lacerantes de la sinrazón en Siria. Que la pugna entre la libertad y la mordaza nos ha puesto a cavilar como hacía tiempo que no hacíamos. Mira que la vida sigue entre las tensiones y las distensiones que no cesarán nunca.
Con todo, el golpe de la muerte de Antonio Fraguas y el silencio repentino que nos deja apareció como un abrupto punto de inflexión. Ya nada será lo mismo en esta historia, también muy loca y desbocada, del periodismo nacional. No soy derrotista (por más que algunos se empeñen en pensarlo), sé que hay muchas mentes lúcidas en activo y muchas más que se están gestando. Pero tendrán tan difícil llegar al púlpito multitudinario del que tantos hemos bebido...
Porque esta sociedad tecnológica y pretendidamente incluyente es en realidad un zoco vociferante donde el ruido no deja escuchar nada. De hecho, y hablo por mí, prescindir del «papel» me separó de aquello que durante años inauguraba mi lectura placentera del periódico. Entre la portada y la contra estaban ellos, con el olor a gloria de la tinta. Los marianos y las conchas, las ‘gensanta’ pañuelo a la cabeza, los terribles funcionarios, los obsesionados por el fútbol, los náufragos,... Y, de ahí en adelante, lo que pasaba.
La cosa digital me separó de su estela. También que hace ya tanto que mamá no está para compartir los jiji y jaja de lo que de lo suyo y lo mío enredaba este duende, que ya nada era lo mismo.
Yo qué sé. Lloré porque Forges se había ido, aunque ya no lo tenía tan cerca. Se cierra un capítulo del periodismo que soñamos. Habrá otros, pero no serán igual. ¿Nostalgia? Toda.