Publicado por
al trasluz eduardo aguirre
León

Creado:

Actualizado:

L o admito, mis conocimientos del Medievo se reducen a poco más de eso de «A cuatro leguas de Pinto/ y a treinta de Marmolejo/ existe un castillo viejo que edificó Chindasvinto». Siempre hay quien además sabe el verso que le sigue: «Lo habitó un gran señor/ algo feudal y algo bruto/ se llamaba Sisebuto/ y su esposa Leonor». Y el erudito local apostillará: «Y Gunegunda, su hermana/ Y su madre, Berenguela». En fin, en Harvard ha de haber eminencias que se sepan entero el poema. Viene este introito ante la polémica creada porque unos reconocidos medievalistas han cuestionado en un seminario en la Universidad de León nuestra cuna del parlamentarismo, a la que consideran un «invento de los políticos». Los leonesistas lo han calificado de «ofensa a los leoneses» y piden dimisiones. Pero las ideas se rebaten con otras. La impronta de lo académico es la libertad de pensamiento. Otra cuestión es que tampoco hay que ser masoquista y si organizas un simposio sobre —por ejemplo— el chorizo leonés no parece lógico que le encargues la lección magistral a un vegetariano; pero si lo haces, tienes que respetarle que defienda la superioridad de la acelga. Esta polémica es una ocasión excepcional para que el leonesismo se luzca, pues cuentan con personas con amplios conocimientos del tema. Las ofensas son otra cosa. Por ejemplo, la corrupción o la pobreza.

Me gustaría saber cuál fue la reacción del alumnado asistente. ¿Asintieron? ¿Hubo quienes discreparon? ¿Se sacó a los medievalistas a hombros? La obligación de un experto es saber más, no halagarnos la autoestima. Ahora bien, no se pierde rigor ni se es menos científico por tener tacto. Insistamos: lo que importa es la verdad. La discrepancia es enriquecedora, cuando se da entre quienes saben. De fútbol entendemos incluso quienes creemos que se juega con raqueta, pero la Historia exige algo más.

Sálgase sin chauvinismo a rebatir a tales medievalistas, que no son unos indocumentados, pero para ir más allá del: «Hija infame, ruge el conde/¿dónde has dejado mi honor?/ ¿dónde, dónde, dónde, dónde?». De lo contrario, cuando se haga aquí un congreso sobre el cáliz de doña Urraca nos sacan en el Times, pero porque la lección inaugural terminó a mandoblazos.

Cargando contenidos...