TRIBUNA
Un ciclista en la ciudad, una víctima potencial
M e enorgullece contarme entre los usuarios de bicicleta tanto en las vías urbanas como en las interurbanas; sin embargo, no me enorgullece tanto pensar en aparecer, un día cualquiera, en las noticias de este u otro diario como víctima de un accidente por atropello de un automóvil, cuyo conductor, por distintas razones, tan varias como la mente pueda imaginar, se precipitó contra mí, y lo que venga a continuación puede ir, desde un gran susto, hasta no contar el suceso.
Esta reflexión que me hago cada día que inicio mi deambular ciclista por las calles de mi querido León se ha acrecentado cuando he leído con gran tristeza la noticia del fallecimiento del ciclista don Luis Flórez, párroco de la Anunciata, a quien no he tenido el gusto de conocer, pero con quien me solidarizo en el recuerdo, así como con su familia, como víctima de un accidente que podía, con toda seguridad, haberse evitado.
En base a mi pensamiento y a la triste cita, inicio este texto de opinión que, como no podía ser de otra forma, versará sobre ‘La inseguridad del ciclista’ o, si les parece más apropiado para hablar en positivo y más políticamente correcto, sobre ‘La deseada seguridad del ciclista’.
No voy a entrar en las ordenanzas municipales en lo que concierne a la circulación viaria de las bicicletas por el casco urbano, ya que, sinceramente, no las tengo muy claras y dudo que la mayoría de los ciclistas que pululan por el mismo las tengan. Horas antes de conocer la luctuosa noticia y como una premonición, le comentaba a una amiga que circulando yo con toda la prudencia por la acera derecha de la calle Padre Isla, me advirtió una señora «de que por las aceras no se podía circular montado en la bicicleta». Debo decir, en mi descargo, que siempre que lo hago por una acera, es con tanto cuidado que mi velocidad, si lo requiere la situación, es inferior al paso de la persona, siempre dando prioridad a esta y con las manos puestas en los frenos y en conexión con mi cabeza, y, esto es así, porque mañana quiero volver a tomar mi auto sin motor, lo que no aseguro si circulo por la calzada. Tampoco creo que, aunque no estuviese cumpliendo de forma estricta las ordenanzas, en las condiciones citadas pudiese atropellar a alguien y menos producir un accidente irreversible. Pero, en fin, si por las aceras no se puede circular, y por las calzadas los atropellos, aunque no lleguen a ser muertes inmediatas, son el pan nuestro de cada día ¿cómo resolvemos el contradictorio mensaje que nuestros políticos periódicamente nos dan, animando a la gente a tomar su bicicleta no solo para el ocio, sino para los desplazamientos a sus puestos de trabajo, beneficiando así nuestro hábitat, si, por otra parte no se ponen los medios para circular no con un poco, sino con total seguridad?
Es obvio que algunas mentes calenturientas y poco objetivas por su irreflexividad, contestarían que para eso están los carriles-bici. Pues bien, haciendo un brevísimo comentario al respecto, les pediría que además de hacer pedagogía, se hicieran realmente vías ciclistas seguras que facilitasen la circulación de las muchas personas que muy probablemente utilizarían este medio para sus desplazamientos, no solo de ocio, sino laborales. También les pediría que, para que pisaran la realidad, hiciesen un croquis de los carriles que conectan una zona con otra, aunque, a día de hoy, lo veo imposible sin subir a las aceras o circular por la calzada con las consecuencias que ya conocemos. Piensen, solo por un instante, si tuviésemos que ir usando un carril-bici desde la zona Eras de Renueva (relativamente próxima) a la plaza de Santo Domingo; o, desde el Polígono 10 a la zona de la Inmaculada. Creo, que cualquier usuario de bicicleta, tiene que terminar, según su grado de pericia y/o atrevimiento, circulando en grandes tramos por acera, sorteando a los peatones, o, lo que es mucho más grave, metiéndose en la vorágine de la circulación de vehículos a motor sin otra protección que el casco de adorno.
Por lo que respecta a los actuales carriles-bici, que seguramente estarán contemplados en las ordenanzas a las que me referí al inicio de este artículo, considero que su primera característica debe ser «su seguridad». Pues bien les invito, señores responsables de la ordenación del tráfico local a que observen, por ejemplo, el carril que discurre por la calle de la Serna para conectar con el que va paralelo a la Ronda Este. Dos detalles: 1) su zona de rodaje, en un amplio tramo, está con tantos subes/bajas y grietas que parece un carril de ciclo-cros, con los peligros que conlleva para circular con bicicletas de paseo y el riesgo de que te expulse a la calzada, y 2) su diseño en un tramo donde, diariamente, (fácil de comprobar) está durante largos periodos de tiempo (coincidiendo con los de más circulación) ocupado por varias ambulancias que dejan o recogen a personas que se dializan, con el riesgo de tener que salir de súbito los ciclistas a la calzada y encontrase sorprendidos por el vehículo que circula por su vía.
Visto lo anterior, pediría, que si realmente se considera conveniente, ya no digo necesario, estimular el uso de la bicicleta para contribuir a humanizar la ciudad y disminuir en la medida de lo posible la circulación de los vehículos a motor, solo nos queda afrontar con decisión el modelo de vías que queremos y, desde mi lógica de ciudadano, creo que la única forma viable es que cada calle sea de sentido único para los vehículos a motor y diseñar en ella un espacio, claramente delimitado, para la circulación de bicicletas y otros vehículos no motorizados.
Esto sería el mejor homenaje que se puede hacer a los cientos de ciclistas que han sufrido accidentes en la ciudad y apostar porque el fallecimiento de don Luis Flórez quede en los anales de esta ciudad como el último ciclista atropellado por un vehículo a motor. ¡Que así sea!