Diario de León
Carlos Frá
León

Creado:

Actualizado:

Los éxitos fuboleros ante Argentina y Alemania han complicado las cosas a más de uno. Ya se sabe que detrás de todo español hay un seleccionador, tarea a la que en estas tierras se une la peculiaridad de ser el mejor abad-mayordomo-presidente organizador de cofradías y procesiones.

Ahora que el consejero educativo Rey nos dejó de hacer la ‘pascua’ —qué tres días más bien aprovechados en los colegios...— las familias ya disfrutan de sus vacaciones de Semana Santa, las que han tenido los niños llegados de otras comunidades a los que se les veía estos días por las calles de pueblos y ciudades —pobres, qué déficit padecerán en su formación...—.

Hoy ya es jueves. Semana Santa, sus días centrales, y tocan sensaciones, reencuentros, añoranzas, estrenos infantiles, ilusiones... que trazan como tantas cosas una profunda frontera entre quienes lo viven con su gusanillo en el estómago por los nervios y quienes lo perciben desde sus tripas, con ese odio que les facilita el privilegio incluso de burlarse de lo que otros hacen o creen. En las próximas horas en León se reflejan las dos formas de entender las cosas, porque las cofradías son una buena crónica de lo que es y ha sido España.

Son unos privilegiados los cofrades/nazarenos/papones que disponen del patrimonio heredado de sus mayores, porque eso quiere decir que sobrevivió a las tropas francesas y su afición al fuego o a las desamortizaciones que asfixiaron todo lo que se escapaba al control estatal. Eso ocurrió en el XIX y ya en el XX llegaron los trágicos sucesos de los años 30 que además de la quema de verdaderos tesoros llevó a que algunas cofradías tengan el dudoso honor de contar con listados de sus bajas, personas que no ‘comulgaban’ con lo que ‘se llevaba’ aquellos días.

La última crisis cofrade, también salvada, llegó hace 40 años, cuando se auguró su desaparición en plena ofensiva de buena parte de la Iglesia y de los agoreros que anunciaron una sociedad que superaba todo lo ‘tradicional’.

Pero la realidad es que la Semana Santa goza hoy por todas partes de una salud como nunca tuvo y especialmente donde ha sabido adaptarse a los tiempos, lo que le facilita algo que envidian la mayoría de organizaciones —incluida la propia Iglesia— que es ese tesoro llamado gente. Y escapan sin mayor dificultad a esos ‘seleccionadores’ empeñados en encorsetarla porque desconocen que existen tantas semanas santas como personas hay en las calles estos días.

tracking