SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Lo importante

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León

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M uchas veces, y supongo que a lo largo de todas generaciones ha sucedido lo mismo, nos preguntamos qué le ocurre a la juventud. No entendemos muy bien sus comportamientos y forma de pensar. Cuanto más viejos nos hacemos más nos separamos de un entendimiento y comprensión de su forma de vivir. Lo que sí parece cierto es que existe una desazón sobre determinados comportamientos que se están generalizando cada vez más entre nuestros adolescentes y jóvenes que se separan de lo que se pudiera considerar como normalizado hasta la fecha. Las causas de tales comportamientos todavía son desconocidas, pero lo que sí se puede afirmar es que la educación es un factor determinante de la conducta humana, así como el ejemplo. Por ello, quizás debiéramos prestar más atención a la educación y los modelos de conducta que estamos dando a nuestros adolescentes y jóvenes.

En España no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo sobre un modelo educativo para nuestros hijos, es bastante lamentable puesto que de ello depende en buena medida el futuro de nuestra sociedad. Pero la realidad es esta falta de consenso que tanto está perjudicando a las jóvenes generaciones.

Nuestro sistema educativo, desde sus comienzos hasta el final, está centrado en adquirir una cantidad ingente de conocimientos a través de técnicas memorísticas que se hacen lo más aburrido del mundo. No se presta la atención necesaria a la adquisición de unos valores que formen personas.

Las matemáticas, física o el Derecho, están ahí y no se van a marchar a ninguna parte. Lo que sí se debe enseñar en tiempo y forma son aquellos aspectos que determinaran la forma de ser y pensar de las personas, y eso debe trasmitirse desde el principio a los niños.

Una de las primeras cosas que hay que enseñarles en la familia y en las escuelas es a escuchar porque significa estar abierto al mundo, ser receptivo y despojarse del egoísmo que nos es innato. La juventud no escucha porque es vital, le sobra energía y nos hace falsamente creer que somos un oráculo, todos hemos sido víctimas de ella como no puede ser de otra manera.

Sería conveniente que, junto a la escucha, les enseñáramos a nuestros infantes y jóvenes a respetar. Respetar a los demás, reconocerse en el otro y que no es necesario pisar cabezas para tener un futuro brillante en esta vida. Recuerdo como hace décadas se puso de moda el modelo de triunfador a base de ser el mejor, el único entre todos pisando al rival si fuera necesario.

Eran los tiempos del desarrollo económico voraz. Ahora esto ha caído en el olvido y ni siquiera ser el primero resulta un estímulo porque el conformismo nos ha uniformado a todos bajo el velo de la indiferencia. Esta indiferencia es el resultado de la frustración que genera nihilismo social en el que nada importa.

Sería también conveniente educarles en el la cultura del esfuerzo, saber compartir, tolerar la frustración, en la solidaridad… en fin, todo aquello que no estamos haciendo porque no está de moda y no lo creemos importante. Somos nosotros los responsables de lo mal que estamos educando a nuestros hijos, no ellos. Es fácil comprobar esta última afirmación formulado la siguiente pregunta: ¿Quién crea la moda? No son diseñadores o falsos ‘influencers’ de las redes sociales juveniles, la crean las grandes marcas o empresas donde sus dueños no son precisamente jóvenes. A estas empresas no les interesan jóvenes que piensen de forma crítica y que con ello pudieran poner en riesgo sus negocios.

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La formación de una persona debe comenzar por adquirir una moral que le permita ser verdaderamente libre y esto pasa necesariamente por enséñales a actuar conforme a los principios que hacen de la persona un ser digno y bueno acorde con su naturaleza. A partir de ahí podrá adquirir todo el conocimiento científico y técnico que se proponga ya que tiene toda la vida para hacerlo y con ello contribuir a un mundo mejor.