Derecho a decidir
Es curioso que el inicuo comunicado de ETA afirma que «materializar el derecho a decidir para lograr el reconocimiento nacional será clave». Algún nacionalista catalán habrá empalidecido al advertir la familiaridad del mensaje, que recoge el fervor soberanista de unos sayones que no se arrepienten en absoluto de haber asesinado a más de 800 personas, salvo, si acaso, de alguna víctima que pasaba simplemente por allí y era por tanto un daño colateral del conflicto. El derecho a decidir es el que concedió la magnífica Constitución de 1978 a toda la ciudadanía. Naturalmente, en el marco de la propia Constitución, es decir, en el ámbito del estado de derecho, en que la autonomía propia limita con la autonomía ajena. Esa lucha por el derecho a decidir llevó a ETA al asesinato para conseguirlo y al nacionalismo catalán al golpe de mano, la violación de la legalidad. No hay comparación posible entre el que mata y el que desobedece. Pero los conceptos que manejan unos y otros son parecidos. Deben pensarlo quienes creen que no ocurre nada cuando se viola la ley para conseguir un objetivo.