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León

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Los 40 han llegado y lo han hecho casi sin enterarme, aunque las patas de gallo y alguna cana se empeñen en recordármelo las pocas veces que me detengo frente al espejo. No cambiaría mis 40 recién estrenados por 30, ni tampoco por 20. Mucho menos por la adolescencia. No es que tenga nada en contra, es que creo que lo mejor está todavía por llegar. Y yo quiero disfrutarlo.

Alguien me comentaba hace poco que la década de los 40 a los 50 años es la mejor de la vida, sobre todo para las mujeres. Creo que es verdad. Por eso no me importa sumar otra década.

Lo único que me da miedo (aparte de lo obvio, claro está) es que este insomnio obligado de la bimaternidad que me hace peregrinar varias veces durante la noche dé paso a ese imsomnio de la madurez del que hablan los mayores. «Ya nunca volverás a dormir como antes» es una frase que me da pánico porque dormir (seguido) es salud. Y yo necesito las dos cosas.

El caso es que han pasado cuatro décadas desde que vine a este mundo. Cuarenta años. Y juraría que los cuatro últimos han sido los mejor aprovechados. No tengo muy claro a qué me dediqué los 36 restantes. Es que casi ni me acuerdo. Esa es otra de las cosas que me dan pavor y que pueden empeorar a partir de ahora: la memoria. No soy capaz de visualizar mentalmente lo que hice hace una semana. Me echo a temblar cuando alguien se dirige a mi con un «¿te acuerdas de...?». Y me pasa mucho. Quiero corriendo porque sé que lo más probable es que no lo recuerde. Y no sé cómo salir del entuerto que se me presenta. Yo antes tenía memoria. Es otra de las cosas que he perdido. Y en los últimos diez años también las gafas por lo menos una docena de veces, las llaves del coche y las de casa otras tantas. Pienso que todo esto tiene que ver con el principio: el sueño.

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Pero no sólo ha habido pérdidas, también ganancias. Tengo más kilos y también toneladas de paciencia que jamás pensé que tendría. He ganado espacio en mi mente para dejar sitio a lo importante tras desechar lo que de verdad no importa. Cada vez soy más práctica, más selectiva en casi todo. Pero no se trata sólo de ganar o perder, sino también de aprender y de eso creo que algo llevo en mi mochila. Y esto no ha hecho más que empezar porque lo mejor de la historia está por escribir.