León

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La tentación vive arriba, pero con las ganas se llega desde abajo. ¿Qué virtudes profesionales y humanas se vio en Barcenas, Merino, Galeote , Sanchís y demás corruptos para potenciar sus carreras, primándoseles por encima de quienes creen que la política es para servir a los ciudadanos, no para servirse? Sigo creyendo que el poder corrompe a quien ya llega corrompido al mismo. Se les ve venir. Algunos, lo primero que preguntan al pisar el nuevo despacho oficial es dónde está la lista de proveedores, en vez de dónde queda el servicio. Me parece extraño que alguien honrado se corrompa porque desempeña un trabajo que se lo posibilita. Los 10 millones de euros en «mordidas» de Zaplana en el extranjero no son consecuencia de una debilidad pasajera, sino de un empecinamiento, incluso de un regodeo. La tropa estuvo años desternillándose de quienes viven de un sueldo o de los beneficios de una empresa honrada. Lo suyo era otra cosa. No estamos ante corruptelas menores que se hacen de manera doméstica, tal aquel diputado del partido de Romanones que el coste de las lecciones de danza del vientre que le impartía Madame Ramona las pasaba luego como dietas de kilometraje. La sentencia del caso Gurtel nos revela un problema diferente, una corrupción grupal, que necesitó para funcionar el conmigo o a la calle. A cuántos válidos y honrados compañeros de partido hubieron de vetar los corruptos, por no resultarles de «fiar».

Ha declarado Joan Ribó, el alcalde de Valencia: «No todos los políticos del PP son corruptos, pero los honrados son una minoría». Creo que es al revés, los corruptos son los menos en este partido, pero hubo un tiempo en el que alcanzaron puestos de la mayor relevancia. ¿Por qué? Estoy convencido de que nunca fueron eficaces en los cometidos de gestión que tenían encomendados, de la misma manera que no se puede ser bueno de lunes a miércoles, pero un canalla de jueves a domingo.

Ahora bien, la grave situación que vive España con el chantaje secesionista y la existencia de populismos debería llevar al PSOE a mantener la máxima prudencia. No se puede cuestionar la aportación de este partido a la democracia, pero tampoco la del PP. Mientras, Puigdemont brinda. Y Maduro ríe. Ay.

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