SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Sobre la verdadera amistad

Publicado por
León

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T engo firmes razones para seguir creyendo en la amistad. A pesar de todas las traiciones, rencores que todos cometemos a diario, aún quedan personas que son fieles a sus amigos y no quieren ser enemigos de nadie.

Ser amigo significa estar en todo momento y condición, sin fisuras ni dudas al lado del que se dice serlo. También significa ser fiel en la crítica cuando ves que la persona por la que sientes una gran devoción se equivoca. La amistad también tiene su lado amargo y un buen amigo es aquel que nos dice en román paladino las verdades del barquero.

Hay personas tocadas por una especie de varita mágica que llevan en sus genes ese sentido profundo de la amistad. No tienen que realizar ningún esfuerzo para comportarse como verdaderos amigos, les sale de forma natural.

Si a todo lo anterior, le añadimos que son personas muy queridas por todos los que los conocen, y lo son por su bondad y generosidad nos encontramos con personas excepcionales. Pues entre estas, estaba hace muy poco entre nuestros compañeros Julito.

No era Julio Ruiz, era Julito porque así se lo había ganado como muestra de cariño por parte de todos los que le conocían. Un hombre bondadoso, no quería hacer mal a nadie y creo que nunca lo hizo. Su vida fue difícil desde la infancia tras la muerte prematura de su padre quedando su madre al cargo de tres hijos y sin recursos económicos. Hizo de todo en la vida para poder vivir dignamente.

Era un hombre que sabía de la dureza de la vida, pero siempre veía el lado positivo de las cosas. Se apiadaba de todos aquellos que tenían necesidad. Puedo contar, porque sé que a él no le importaría, como en uno de sus trabajos tenía que cobrar a los morosos de una empresa. No servía para ello porque le daban pena aquellos que tenían familia y lo estaban pasando mal. Resultado, se despidió del trabajo, prefería trabajar en la mina a molestar a los deudores, aunque fuera con razón.

Julito era el paradigma de hombre servicial, creo que tiene el récord de favores realizados al menos en medio mundo. No le importaba si era conocido o no, al que podía ayudar, ayudaba sin esperar nada a cambio.

En su trabajo, escrupulosamente cumplidor, atento al mínimo detalle para que todos estuviéramos cómodos, y lo hacía con todo el mundo, sin distinciones. Conseguía con su presencia de ánimo alegrar las primeras horas de la mañana nuestro complicado trabajo.

Julito se fue en un accidente tráfico provocado por un irresponsable que ha cercenado una vida plena de bondad, una familia unida y llena de amor. Este día he visto a muchos hombres y mujeres llorar a su amigo porque Julito era como lo he descrito.

Hoy me he permitido la licencia de dedicar esta humilde columna a una persona que encarnaba todo lo bueno que tiene el ser humano, no había maldad en él a pesar de que la vida le golpeó duro, no había rencor, era todo corazón.

No quiero con estas palabras simplemente rendirle un homenaje a alguien que se lo merece de verdad, quiero reconocer en Julito a todas aquellas personas que nos permiten mantener la esperanza en la naturaleza humana.

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En unos momentos, en los que parece haber desaparecido todo rastro de dignidad, de coherencia y gratitud, todavía quedan personas que nos devuelven la fe en nosotros mismos. He perdido, bueno, no perdido, no está aquí, un gran amigo, un amigo ejemplar que me hizo sentirme querido y al que quiero sinceramente. Sé que está al lado de nuestro Señor, ahora más que nunca sé que hay un sitio para él y para todos los que son como él al lado del Padre.