Diario de León
Publicado por
EMILIO GANCEDO
León

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Asomarse estos días a ciertos diarios nacionales es como darse una vuelta por la casa del terror de un parque de atracciones abandonado. Todo es calamitoso, apocalíptico e hiperbólico, o sea, sumamente adjetivado. Aunque la seriedad y la objetividad de un medio deben correr en proporción inversa a la cantidad de adjetivos empleados en sus textos, así de primeras recuerdo los «temerario», «pírrico», «peligroso» e «inquietante» con que se han rotulado portadas y editoriales, y entre las expresiones, esa muy manida de «gobierno Frankenstein» —¡y a mí que el recuerdo de aquel doctor y su criatura sólo me provocan ternura y una especie de lástima cósmica!—. De todos modos, si he de quedarme con algún titular, me quedo con el de Abc: «España ante el abismo»

La verdad, no sé qué titularán algunos el día que estalle la tercera guerra mundial. Se les están secando los campos semánticos a base de regarlos con los sulfatos químicos del desastre inducido. A ver, abismo son otras cosas, pero quizá no un mecanismo parlamentario perfectamente avalado por la ley. A ver, abismo fue la guerra civil, y de ese pozo negrísimo no deberíamos olvidarnos jamás. A ver, abismal me parece la ceguera demostrada por una parte de España respecto a que hay otra —otras— que viven con toda normalidad y cotidianeidad su lengua e identidad propias, y que quieren que así siga siendo. Abismal me parece la fosa séptica de la corrupción y negro betún la foto aquella del Rajoy opositor y necesitado de votos firmando y pidiendo firmas para recortar el estatut catalán (año 2006, de aquellos polvos vienen estos lodos). Y abismal, lo que se dice abismal, el Estado que abandona a sus ciudadanos en todo tiempo y lugar, como el que expulsó a las gentes de los más ricos valles leoneses en virtud de faraónicos y fallidos planes hidrológicos. Hace dos sábados, el director técnico de CHD dio el más lamentable discurso que he podido escuchar —sólo tópicos y cifras— en un acto de recuerdo celebrado en lo alto de la presa del Porma, y cuando se le pidió que arreglasen el cementerio alzado frente a la presa, dijo: «Nosotros es que no sabemos nada de piedras». Menos mal que un paisano voceó, al fondo:

—Pues vamos a tirarte algunas, para que empieces a entender.

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