León

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El Ministerio para la Transición Ecológica, con un nombre que es todo un paradigma del márketing de gestos acorde con las nuevas fórmulas políticas twiteras, está siendo recibido como la auténtica eutanasia para el carbón. Las cosas han evolucionado y salvo cuando se ponen palos en las ruedas los cambios son vertiginosos y lo seguirán siendo. No es sólo cuestión de tecnologías, la propia sociedad demanda que todo se haga cada vez mejor y de una manera más limpia.

Resulta bastante clarificador cuando desde fuera nos envían un poco de aire fresco en forma de análisis del sector carbonero hecho en Madrid, eso sí curiosamente con reportajes siempre de medios de comunicación próximos al gobierno de turno que en realidad intentan legitimar los tijeretazos. Pero sirven para sacar los colores o quizá para poner aún más negra una realidad que aquí, cerca de las bocaminas, resulta complejo poner en claro. Nos aletarga el bucle de intercambio de culpas y papeles que realizan sin ningún pudor los mandatarios ‘parciales’ —por ser del propio territorio— de los dos partidos que han cortado el bacalao y que salvo cataclismo seguirán diseñando los menús de La Moncloa con más o menos condimentos de las bancadas morada y naranja, y de manera especial y lamentablemente por los que siempre se llevan las mejores tajadas, los de Cataluña y el País Vasco.

Decía que esos informes sobre qué es el carbón en realidad nos han permitido conocer los que cotizaban como picadores por su arte con el palillo al picar aceitunas en bares céntricos y este pasado fin de semana El País colgaba literalmente la ‘esquela’ doble para las térmicas y para las propias minas, con listados pormenorizados incluidos.

Lo de la transición de las cuencas suena a autopsia. La vuelta a la promesa de alternativas y demás monsergas es un insulto. No es la minería en sí. Son miles de personas de sectores más o menos relacionados que han visto truncadas sus vidas porque el efecto dominó o mariposa es devastador.

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La Ciuden tiene oportunidades pero no como bocamina tragadera de dinero público. Y cuando se asoma la esperanza se la espanta con demagogia. Tantos años pidiendo que se limpien los montes del Bierzo para que no ardan y ahora que lo hará Forestalia para su planta de biomasa tampoco nos vale... Cuando aprueben la eutanasia esta tierra llevará años en la lista de espera. ¿O habrá sido un suicidio asistido?