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León

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Las bolsas de plástico ya no son gratis. Menos mal. Desde el domingo, todo aquel que quiera llevarse una a casa deberá pagar entre 5 y 15 céntimos. Ahora sólo quedan las que son muy ligeras o las que contienen al menos un 70 por ciento de plástico reciclado. Poco a poco, porque el camino es largo y no conviene darse el atracón desde el principio. Se trata de una medida ya generalizada en España para las bolsas de plástico más grandes, aunque en algunos comercios te las sigan regalando sin escatimar. Venga bolsas. Lo peor es que en algunos sitios te miran raro cuando dices que llevas la tuya propia. Total, ¿qué más da? Son un par de bolsas que no hacen daño a nadie. Y son cuatro los que reciclan. No es para tanto, que toda la vida se ha hecho así y aquí seguimos todos y no pasa nada (éste es el argumento que más me gusta de todos).

La realidad es que —por fin— parece que las autoridades se han puesto manos a la obra. No es ninguna tontería. El planeta nos da cobijo, es nuestra casa, nuestro suelo, nuestro aire, donde sembramos comida, de donde mana el agua que bebemos. Y lejos de cuidarlo, lo maltratamos. Un maltrato que dura ya demasiado tiempo. Es hora de actuar, aunque ya sea algo tarde.

Una bolsa de plástico tarda 55 años en descomponerse. No lo digo yo, lo dice Greenpeace. Demasiado para un objeto que usamos casi sin pensar, tan sólo los minutos que tardamos en ir del supermercado a casa. Y acaban flotando en el océano, matando a millones de peces y tortugas que las confunden con medusas. Si, las bolsas que usted utiliza también.

Hace poco una ballena murió después de cinco días de agonía por la obstrucción intestinal que le produjo ingerir ochenta bolsas de plástico, algunas de las cuales acabó vomitando entre espasmos poco antes de morir. ¿No es una locura?

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El plástico nos invade y nosotros invadimos con él. Forma parte de nuestra vida cotidiana en forma de recipientes para nuestra comida, juguetes para nuestros hijos, artículos de higiene, objetos de decoración, herramientas de trabajo.... Está onmipresente. Difícil deshacerse de él. Cierto que fue un invento revolucionario. Funcional, resistente y barato —baratísimo—, pero hay alternativas y el precio no debe ser un impedimento. Todo un reto tan importante como necesario.