No cambia nada
La verdad es que a los profanos en derecho el concepto de rebelión les parece excesivo cuando se relata el golpe de Estado incruento, aunque no desarmado, que intentaron dar los soberanistas el 1 de octubre, contando con la pasividad dolosa de la policía autonómica. En Alemania, los jueces se han limitado a decir que la intentona golpista del 1-O no encaja en la figura de la alta traición que sería la más parecida a la nuestra de rebelión, pero ello no significa que lo que llevaron a cabo los independentistas no fuera una iniquidad, reprobada con énfasis en toda la comunidad democrática: no suscita simpatías quien viola unas leyes que consagran el pluralismo, las libertades civiles y los catálogos de derechos y libertades. No deberían saltar de gozo los soberanistas porque eso no redime a los prófugos en España, ni alivia el reproche político y moral que merecen, ni les eximirá de grave responsabilidad, ni cambia la situación a la que han llevado a Cataluña un grupo de fanáticos que han supeditado la paz civil y la convivencia a sus propios intereses minoritarios.