AL TRASLUZ
Y una pandereta zíngara
Yen los medios venga a darle coba al inventico. Leo este titular en ABC: «La inteligencia artificial impulsa a la economía a su mayor revolución». Vale, no perdamos la calma, revoluciones las hay buenas y las hay malas. ¿Acaso no fue revolucionaría la minifalda? Pero enseguida viene la letra pequeña, en forma de subtítulo: «Esta tecnología ya está presente en casi todos los sectores y los expertos auguran que irá destruyendo empleo redundante de forma progresiva». Mi gozo optimista en un pozo. ¿Y qué es «empleo redundante»?, ¿la parte contratante de la primera parte…?, que decía Marx, ¿la razón de la sinrazón que a mi razón se hace», que deliraba don Quijote? En el artículo se asegura que los robots permitirán que «el talento humano pueda dedicarse a tareas de más valor». Ya. La máquina a escribir mis columnas y servidor a pedir por Ordoño con un mono, una cabra y una pandereta zíngara. No me pidan además que grite ¡vivan las caenas! Si no me fío del presente, menos del futuro.
Hace unos meses, un cajero en un centro comercial de León me dio 20 euros menos del dinero marcado, cuando llamé al servicio de atención al cliente me vinieron a decir que la máquina no se confundía nunca. ¡Manda megas! Ante mi inútil protesta, y después de haber hablado por teléfono primero con una grabación, una encargada —desde otra ciudad— me dio la alternativa de seguir insistiendo en cierta oficina cercana. No soy de los que clama «Yo por 20 euros mato», pero me sentí vejado y sin tiempo ni ganas para hacer cola. Ahora, cada vez que paso delante del cajero creo oírle decir con retintín: «Errare humanum est». Encima de desfalcado, la cama. Hace no tanto se me habría creído a mí y no al armatoste. Pronto, estaremos en una sociedad en la que donde haya robot no mandará marinero, porque no lo habrá.
Pero nos queda el pasado rural. Este sábado, en el Museo Etnográfico de Mansilla, Fernando Barrientos impartirá una conferencia sobre el cencerro, esa ancestral maquinina injustamente asociada a la chifladura, como las cabras o las regaderas. El día que para escuchar su sonido tengamos que recurrir a YouTube, entonces, el futuro nos habrá vencido. Y Schwarzenegger no estará ahí para salvarnos.