Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Cuando me piden una definición de cervantista digo: alguien que cuando va caminando por Ordoño y se encuentra la lámpara de Aladino, sapistri, uno de los tres deseos lo emplea en enterarse de quién se ocultaba tras el seudónimo de Avellaneda, el autor del Quijote apócrifo. «¡Qué barbaridad, ¡en vez de pedir que el Real Madrid salga de su crisis», se dirán los lectores de Ciencias. Ya ven. Hoy, a las, 20 horas, en la Biblioteca Pública de León, organizado por la Junta y Sofcaple, dará una conferencia uno de los mejores: José Montero Reguera. Nos hablará sobre El Quijote de 1615, o sea la llamada segunda parte o tercera salida. Mientras Cervantes la escribía, el tal Avellaneda se le adelantó y publicó en 1614 una continuación apócrifa, que no es un bodrio pero carece de grandeza. Con ella modificó —para bien— el plan inicial cervantino. Tras el enigmático seudónimo se barrunta el aliento inspirador de Lope, pero nada hay probado. Montero no nos lo revelará, pues no se ha topado aún con la lámpara, pero les garantizó que su conferencia será rigurosa y amena. Nacido en Segovia, pero vinculado a León, el catedrático de la Universidad de Vigo une a su rigor un don de la claridad, que revela tanto condiciones de buen docente como genes periodísticos. ¿Cuál de las dos entregas cervantinas es mejor? Decantarse por una es como si fundamos una Arcadia y se nos pone en la tesitura de aceptar en la misma a Eva Mendes o a Jennifer López. Tampoco hay que hacer feos.

El coordinador de tan excelente ciclo, el filólogo José Luis Chamosa, no es sospechoso de misoginia, está casado con filóloga y son padres de una filóloga en ciernes. Tras adelantarme que en las próximas ediciones habrá mujeres, me ha recordado que la académica y cervantista Aurora Egido fue la primera catedrática de Literatura Española de la Universidad de León. Le apunto que la prometedora Patricia Marín Cepeda tiene raíces leonesas.

Si le gustan estos temas, no se pierda la conferencia de Montero. Quién sabe, a lo mejor, de camino, tropieza usted con la lámpara y así se entera de quién fue Avellaneda. Y después lo cuenta en una ponencia en la Universidad de Pricenton, de las de a millón de dólares el párrafo. Dietas, aparte.

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