MARINERO DE RÍO
La Vendée leonesa
Recuerdo la cara que puso el difícilmente olvidable Norberto cuando vio que en el apartado ‘tema’ del parte de fotos del día había escrito yo: «Sebes... para un reportaje sobre sebes». Movió su sólido corpachón hacia mi sitio, se dejó caer en una silla, me miró como perdonándome (otra vez) la vida, y dijo: «Mira que me habéis pedido cosas raras... pero nunca algo que veo todos los p**** días yendo y viniendo al pueblo y nunca le había dado p*** importancia». Luego me dio un puñetazo en el hombro —doloroso pero cariñoso, la mezcla parece incomprensible pero así era él—, y lo cierto es que disfrutó mucho retratando algunos setos vivos del Torío: no le sonrieron estúpidamente como los políticos ni le pidieron que les enguapeciera con Photoshop, cansina cantinela.
La escena me vino a la cabeza hace poco, después de grabar a una gente mayor de la ribera del Esla desgranando los múltiples nombres que buertas, madrices, praos y pontonas tenían antes de que cayese la bomba atómica de la concentración parcelaria y de que mil o más años de sabia alianza entre hombre, ganado y naturaleza se fuesen por el desagüe. El paisaje de sebes, lo que en otros sitios llaman cierros, era el más hermoso del mundo, y también fue el que enmarcó mi infancia. Chopos, negrillos y paleras cerraban el praderío riberiego con ayuda de un intrincado enrame de zarzas y ramas flexibles, preciosa artesanía: esos caminos hundidos entre el verdor parecían de cuento, y yo caminaba por ellos acompañando a mi agüelo a coger agua fresca de una madriz para afeitarse, tenía ese hábito. Aquel mundo era un rebullir de cangrejos, de mínimos cursos de agua repletos de peces, de canales con nombre medieval, guapa infraestructura burbujeante de vida. Todo desapareció para dar paso a polígonos agroindustriales inmensos, cortados al bies... fríos.
En La Vendée, Francia, donde aquella guerra cuasicivil, los típicos setos vivos son un gran símbolo turístico, motivo de orgullo comunitario. Aquí los destruimos en su mayor parte. ¿Y recuerdan aquellas carreteras bordeadas de árboles pintados con un brochazo blanco? Después de quitarlos todos, ahora viajamos a la Toscana y nos hacemos una foto en carreteras exactamente iguales a aquellas. Y después la subimos a Facebook.