fuego amigo
Páramo de ausencias
Este noviembre funeral se acaba de llevar, en la noche del jueves, a José Manuel de la Huerga (1967-2018), escritor leonés de Audanzas de Valle, pueblo paramés que recorre el cangrejero arroyo Grande, inmortalizado para siempre en sus primeros libros, que cartografían el universo palpitante de los veranos infantiles, donde la fantasía se despliega sin límites: la pesca de cangrejos, la huida de las siestas familiares para recorrer caminos en bici, y el aliciente de los cigarrillos clandestinos. Aquel universo promedia las algadefinas de Umbral y la Celama de Luis Mateo Díez, ondulado con leves vallonadas y pájaros felices.
Ahora que se nos acaba de ir de manera tan imprevista José Manuel, me asaltan la memoria en primer lugar los escenarios augurales de su literatura, donde situó los primeros libros, antes de volar con sus novelas hacia otros mundos y nuevas preocupaciones. Ahí radicaba en buena medida nuestra inicial complicidad leonesa, ampliada más tarde por la feliz circunstancia de haber estado en al menos tres de los jurados que premiaron sus novelas. Desde el estreno con su relato largo Conjúrote, triste Plutón (1992), que se llevó un premio Letras Jóvenes de Castilla y León, certamen arrasado por el turbión de la crisis. En 1998 Huerga obtuvo el premio de novela Ciudad de Móstoles con Este cuaderno azul (2001), donde levanta acta de sus veranos en Audanzas. También su primer libro publicado, Historias del lector (1998), rinde tributo a unos cuantos personajes dilectos de su páramo memorial, un universo que impregna los versos de su único libro de poesía: La casa del poema (2005), hermosamente ilustrado por su cómplice Rafa Vega.
Este viernes 23 en que escribo, habrá sido con seguridad, el único día en que José Manuel no pudo madrugar para sentarse al ordenador un par de horas, antes de ir a sus clases al cercano instituto. Años atrás, cuando se desplazaba a diario hasta Tierra de Campos, la entrega a su escritura arrancaba a las cinco de la madrugada. Hoy el acecho de una muerte tramposa impidió a José Manuel retomar un hábito de escritura tenaz, constante y a prueba de vicisitudes. Sus novelas sucesivas, La vida con David (2003) y Lepzig sobre Leipzig (Premio Fray Luis de León, 2005) revelan el crecimiento indagatorio e intelectual de una obra literaria audaz, fecunda y exigente. Un pájaro de invierno (2010) obtuvo la última edición de la prestigiosa Hucha de Oro. Apuntes de medicina interna (2011) fue premio Delibes y en Solitarios (2011) fundó Barrio de piedra con el abrazo de dos novelas breves. Pasos en la piedra (2016), premio de la Crítica de Castilla y León, discurre en Zamora, viendo pasar al Duero con su mensaje de huida, durante cinco días de la semana santa de 1977.