Diario de León
Publicado por
EMILIO GANCEDO
León

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No es lo mismo hacer ruido que meterlo. Quizá a esa conclusión hayan llegado en ciertos despachos, sobre algunas moquetas, y el hallazgo les sirve como útil vara de medir o de arrear a la hora de calificar y separar las cosas que pasan, estas ovejas a este redil, estas otras a ese de más allá, y aquellas que no salgan de la cuadra. Hacen ruido los políticos, los de categoría premium sobre todo, arriba en su Olimpo de terciopelo y agujeros en las molduras, conservados como manos incorruptas de santos, donde un escupitajo que no fue arde en el altar de la patria y a todos se obliga a mirar el ademán, a todos se insta a comentar la injuria: dice Noam Chomsky que la gente «ya no cree en los hechos», y es la afirmación más acertada (y que mejor condensa una época) que he leído en años.

He aquí un hecho: el pasado día 15, cerca de 15.000 personas salieron a la calle en la ciudad de León exigiendo futuro para todas las comarcas de la provincia. Yo creo que salieron, verdaderamente, para sentirse reales, para sacudirse de encima esa sensación de no importar un pimiento a nadie, de ser algo abstracto, sutil, incorpóreo, que de un tiempo a esta parte parece habernos inundado. Uno recorre nuestros valles y riberas, sobre todo en días fríos, estos paisajes de chopo enmarañado, de musgosos barbechos y de robles encrespados, y se siente como en un país fantasmal, alzado por un imaginativo oficinista en sus ratos libres, y se vuelve a preguntar un poco lo de siempre: por qué esa manifestación, pongamos por caso, no ocupó espacio alguno, siquiera mínimo, en los grandes medios nacionales, y sí otras que reunieron a la misma o inferior congregación humana.

Quizá haya ciudadanos y ciudadanos, quizá existan ruidos y ruidos.

Nuestros ruidos se oyen menos, sus decibelios son de menor categoría, carecemos de altavoces o a lo mejor el problema está en que, por no creernos, no nos creemos ya ni nuestras propias reclamaciones, nuestras propias voces, nuestros propios ruidos. Quizá pensemos que merecemos lo que nos pasa, quizá es que nos contentamos con mendigar migajas junto a las escalinatas. O nos creemos de veras que aquí se puede vivir y criar hijos, que no es tierra solo para venir a morir, o solo estaremos metiendo ruido.

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