TRIBUNA
León, ciudad inmaculista

E l fervor inmaculista tiene en León raíces muy hondas. Bastará traer a capítulo, a modo de ejemplo, a la Compañía o Comunidad de los Bachilleres de los Ciento, establecida en la parroquia de San Marcelo, siendo prelado legionense fray Alonso de Cusanza, (1424-1436), religioso de la Orden de Predicadores.
Su Regla se aprobó el 17 de febrero de 1429. Se estableció para «honra de los vivos y difuntos de todos los compañeros clérigos del coro de la iglesia de León (…) así bachilleres como racioneros de San Marcelo y otros clérigos de coro de dicha iglesia de León…». Su fiesta principal era la festividad de la Virgen de las Nieves, el 5 de agosto. Ahora bien, esta institución eclesiástica conmemoraba la festividad de la Inmaculada Concepción en la S.I. Catedral con especial solemnidad, celebrando, además, asamblea general, bien en la puerta de nuestro primer templo, en la capilla de Santiago, actual de la Librería, o en el claustro catedralicio, a cuya finalización se repartía un aguinaldo a los hermanos.
Hasta la Desamortización de Mendizábal, la citada cofradía mantuvo un importante patrimonio inmobiliario, excelente indicador de la evolución urbana de nuestra ciudad. Precisamente, el llamado Prado de los Judíos, sito en el arrabal meridional, era propiedad de la Comunidad de los Bachilleres de los Ciento. Limitaba por el oeste con el barrio Falcón. Y a mitad del siglo XV, desde la Puerta Moneda y la Puerta Gallega extendía sus casas, huertas, prados y solares, hasta la zona de La Chantría. La vía principal de aquella pradería, vertebrada por el Camino de Santiago, allende del perímetro amurallado, era la actual calle de Barahona.
En razón de ello, los peregrinos a Santiago de Compostela así que rendían visita a Santa María del Mercado, la Antigua del Camino, se encontraban luego con el monasterio de la Inmaculada Concepción, fundado el 10 de junio de 1516 por Dña. Leonor de Quiñones Enríquez, hija de los primeros Condes de Luna y hermana del famoso y poderoso cardenal Quiñones.
Este cenobio, actualmente, es el más antiguo de la ciudad de León. Y entre sus muros, la comunidad religiosa concepcionista, consciente del legado recibido, mantiene vivo el espíritu de la Orden creada por Santa Beatriz de Silva, que resultó decisiva para la proclamación, tres siglos más tarde, del dogma de la Inmaculada Concepción de María.
La defensa de la Limpia Concepción de la Virgen María ha sido siempre un faro espiritual que ha brillado con luz propia en el alma de los leoneses. Y tanto es así que la Virgen Blanca de la Catedral de León es imagen concepcionista, como lo acredita el infernal dragón que a sus pies puede verse. Hace ahora un siglo, en 1918, en la Pulchra Leonina, en el convento de la Inmaculada Concepción, y en las iglesias de San Martín y de Palat del Rey, los cultos celebrados en honor de la Inmaculada «revistieron extraordinario esplendor».
Precisamente, en este último templo, el obispo de León, a la sazón Mons. José Álvarez Miranda, al día siguiente de la festividad mariana, presidió la función religiosa que «la Sección de Caballeros de la Cruz Roja, en esta Ciudad, acordó celebrar en honor de la Inmaculada, su Patrona, revistiendo el acto gran solemnidad y estando muy concurrido». {Boletín del Clero del Obispado de León, nº 22, 16.12.1918, pg. 10].
Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, con la bula ’Inefabilis Deus’, proclamó que la Madre de Dios fue preservada, desde el primer instante, inmune de toda mancha de pecado original.
Una década más tarde, en 1864, la Santa Sede concedía a la Iglesia española el privilegio de usar ornamentos ornados con el color azul purísima en los actos litúrgicos que se celebraran cada 8 de diciembre.
Desde luego, mucho antes, el Ayuntamiento de León protocolizó sus fervores inmaculistas ante el escribano Pedro de Gavilanes. Era el 8 de octubre de 1621. Y reunido en solemne sesión, bajo la presidencia de D. Luis de Corral y Arellano, Corregidor y Justicia Mayor de León, y con la asistencia de los regidores D. Juan de Meres Lorenzana, D. Francisco Moreno, D. Pedro de Lorenzana Buytrón, D. Francisco Ossorio de Escobar y D. Jerónimo de Castro y Mendoza, acordaba jurar y defender que la Santísima Virgen, Nuestra Señora, fue concebida sin pecado original, obligándose, asimismo, a defender dicho Voto y Juramento con todo su poder, personas y haciendas.
Pocos años después, en 1656, el Corregimiento legionense asistió por primera vez al mencionado cenobio de la Inmaculada Concepción.
Dicha asistencia se oficializó por acuerdo municipal de 24 de octubre del año siguiente, en cuyo texto se recoge «que todos los años se haga fiesta el día de Nuestra Señora de la Concepción» en el citado convento, tan íntimamente ligado a las glorias y vicisitudes de esta Capital del Viejo Reino.
La plaza Circular y la hornacina situada en el ángulo sureste de la plaza Mayor, albergan sendas imágenes de la Purísima, que pregonan y acreditan la devoción de nuestra ciudad a la Virgen Inmaculada.