EDITORIAL | Una nueva crisis amenaza ahora al sur de León
La crisis que esta semana se ha puesto de manifiesto en el sector de la remolacha no es una sorpresa. Evidencia que el sector no estaba preparado para afrontar un vuelco tan radical al mercado como el final de las cuotas, pese a todos los buenos propósitos que en los meses anteriores a la retirada de la protección al azúcar se habían puesto sobre la mesa. El impacto que supondrá el golpe al cultivo en el campo leonés con la bajada del precio impuesto de forma unilateral por la industria azucarera se dejará sentir en especialmente en la comarca de La Bañeza, donde la planta de British Sugar es la más potente de la zona, y en el Páramo, en cuyas tierras se siembra un producto que ha sido especialmente rentable en la economía agraria provincial. Azucarera quiso justificar con números la necesidad de cargar sobre los agricultores el mal momento que atraviesa el cultivo, a sabiendas de que a quien aún se arriesgue a plantar remolacha apenas le quedará de ganancias lo que le venga de las ayudas públicas. Muchos se preguntan adonde fueron a parar los 60 millones de euros de dividendos que la compañía de bandera británica repartió en las campañas de las ‘vacas gordas’ y por qué ahora sí distribuye las pérdidas entre los productores. Con la encrucijada de Vestas ya cerrada y la del carbón aún abierta, León se enfrenta ahora al golpe que amenaza la economía de decenas de municipios en el sur de la provincia, que lanzan una llamada de auxilio que no se puede desatender después de la lección que aprendimos con el cierre de la azucarera de Veguellina.