Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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Hace tres años saludábamos desde aquí la entente alcanzada entre los ayuntamientos de León y Valladolid, cuyos alcaldes, de distintos signo político, firmaban un protocolo de cooperación que parecía poner fin al enfrentamiento aldeano mantenido durante décadas —pronto se cumplen 40 años de las primeras elecciones municipales— incluso entre ediles del mismo partido. Antonio Silván y Óscar Puente, sorprendían a propios y extraños escenificando una buena vecindad que me consta que llegó a levantar resquemor entre más de un dirigente de sus respectivas formaciones políticas, que al parecer preferían seguir instalados en la estéril rivalidad provinciana. A ésta a la que acabamos de volver.

Ha bastado que se acerquen las próximas elecciones municipales para que aquellos buenos propósitos de sintonía en común hayan saltado por los aires. La proximidad de las urnas y la lucha por el voto hacen más rentable excitar de nuevo las bajas pasiones tribales basadas en el agravio y el victimismo. Exponente como pocos de ese populismo tan denostado cuando son otros quienes lo instrumentan en su beneficio electoral.

Ha sido el alcalde vallisoletano, el socialista Puente, el que ha reabierto la caja de los truenos con una declaración que, si bien no arremete directamente contra nadie, ha levantado las lógicas ampollas en una tierra con razones objetivas para sentirse discriminada. No es para menos dado el incesante declive económico y demográfico que viene sufriendo León durante las últimas décadas, coincidentes por lo demás con la puesta en marcha de la actual comunidad autónoma.

A partir de ahí hemos vuelto a las andadas. Desde León todos, incluidos sus compañeros socialistas, arremeten contra Puente, pero no hay que ser muy perspicaz para sospechar que lo hacen no tanto en defensa de esta maltrecha provincia como de sus respectivos intereses electorales. De hecho, algunos de los que más se indignan contra el alcalde vallisoletano han sido cómplices de las políticas que han conducido a la decadencia del antiguo reino. Y los leonesistas apelan a la autoridad del secretario autonómico del PSOE, quién lógicamente se pone de perfil, justifica igual al alcalde de Valladolid que al portavoz socialista en el consistorio leonés, y echa la culpa a la carencia de un proyecto integrador de comunidad, en lo cual desde luego no le falta razón.

Es el juego, por desgracia habitual, de la política al uso, en el que la impostura va in crescendo a medida que se acerca cualquier elección. Y en el que con temeraria osadía se insulta soezmente la inteligencia del ciudadano y potencial votante.

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