León

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E ntre los logros de la primera temporada del VAR quedará la noche en la que la revisión reposada de la tecnología mostró cómo Ciudadanos se tiró en el área con 82 votos de más para que el aparato no perdiera su apuesta por Silvia Clemente como candidata a la Junta frente a Francisco Igea. No se recuerda un piscinazo igual desde que en 1989 Paco Buyo le hizo el salto de la rana a Futre en un derbi madrileño, ni una chapuza tan fulera desde el ‘turnismo’, lo que muestra que el ejemplo a seguir no era la Transición de Suárez sino la Restauración borbónica. El pucherazo desnuda los escrúpulos de un partido que empeñó el valor de la regeneración en blanquear a una política insaciable en sus apetitos, que representó todo lo que el PP ha sido aquí en los últimos 20 años, pero de la que se podía aprovechar la red clientelar. El empecinamiento de los dirigentes por no verse cuestionados en su infalibilidad abrió la puerta de la ingeniería del sistema de votación telemático: un modelo en el que el vigilante omnisciente corregía los desvíos de la militancia descarriada; como si a Tezanos le dejaran hacer el recuento el 28 de abril. No había riesgo hasta que apareció la grieta, abierta desde dentro, por la cual la cámara entró en el área para ver bien la jugada que revocaba la victoria de la reina del corazón de patata.

La consecuencia es el cuestionamiento de un partido edificado sobre la superioridad moral. La trampa revela la capacidad para manipular de unos dirigentes desbordados por su propia inercia, a pesar de que habían tocado la corneta para que los cargos públicos rindieran pleitesía a la nueva lideresa. Entre los primeros estuvieron los de León —salvo la honrosa excepción de Mitadiel, ya de vuelta de todo— quienes acataron la disciplina para no perder el pesebre y repartirse los puestos en comandita, tan indolentes como cuando hace cuatro años justificaron a Sadat Maraña y miraron para otro lado, mientras el trilero negociaba el precio de la franquicia naranja para que Crego hiciera de la política una ventanilla empresarial. No pedirán responsabilidades tampoco esta vez, contentos con el cortafuegos de la dimisión de Pablo Yáñez para que la depuración de responsabilidades no llegue más arriba y amparados en que el descubrimiento demuestra la robustez del sistema. Al final la nueva política era esto: amañar todas las respuestas para que nadie acierte con las preguntas. Nada, nada, todo Ok, Albert, adelante.

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