Diario de León
Publicado por
el rincón antonio papell
León

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S e podía haber hecho todo peor pero había que haberse entrenado más a conciencia. El siempre espinoso asunto de los debates preelectorales, complicado por la existencia de cinco formaciones de ámbito estatal que con toda probabilidad conseguirán grupo parlamentario, ha provocado un colosal griterío por un cúmulo de infortunios: la escasa grandeur de los propios partidos, la falta de visión de la Junta Electoral Central -siempre dispuesta a imponer la letra de la ley aunque no coincida con su espíritu- y la rivalidad entre las televisiones han desembocado en el sinsentido de tengamos hoy y mañana dos debates seguidos con los mismos actores: PP, PSOE, UP y C’s.

Vox queda fuera del contraste. Algo que sería lógico en el debate celebrado en la televisión pública, que ha de ceñirse a normas obligatorias de neutralidad, y VOX no es legalmente un «grupo político significativo», en la jerga de la JEC (lo son los partidos que han alcanzado el 5% de los votos en unas elecciones anteriores del mismo ámbito). Pero si la JEC -un órgano formado por ocho magistrados del Supremo y cinco catedráticos en activo- hubiera mostrado una mínima flexibilidad, asistiríamos a las dos liturgias periodísticamente interesantes: la de los partidos que ya están en escena y la de los que lo estarán previsiblemente después del 28. La Ley Orgánica de Régimen Electoral General dice lo que dice, pero el Poder Judicial debería ser el primero en adaptarse a las nuevas realidades.

Sea como sea, hemos de prepararnos para dos conflagraciones inflamadas en formato debate. Nuestra política no es dueña de su propia dinámica. De lo que sí son dueños los políticos es de sus palabras y de sus silencios. Y harían bien todos ellos, por respeto a la audiencia, en resumir lo más posible la detestación que se profesan, que es muy aburrida, y en explicar con la mayor claridad posible sus propuestas. Las realizables, no las insidiosas utopías que, de prodigarse, nos permitirán apagar precipitadamente el televisor sin el menor remordimiento.

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