El entusiasmo de un converso
P recedido, como de costumbre, del acto institucional de la entrega de los Premios Castilla y León, se celebra hoy la fiesta oficial de esta Comunidad autónoma, que este año tiene lugar en vísperas de elecciones generales y a poco más de un mes de la triple cita con las urnas municipales, autonómicas y europeas.
Burgaleses y ambos del PP, ha contrastado en estos fastos la resignada despedida de Juan Vicente Herrera —18 años al frente del gobierno autonómico le contemplan— y la euforia autonomista que viene mostrando Ángel Ibáñez, el titular desde hace poco mas de un mes de la presidencia de las Cortes de Castilla y León. Pese a que su mandato expira el 21 de junio y no parece fácil su reelección, Ibáñez no ha afrontado el cargo como un presidente de transición que de aquí a la fecha indicada no tiene otra responsabilidad que la de presidir la Diputación Permanente de la Cámara en el improbable caso de que dicho órgano llegara a ser convocado. Lejos de ello, ha desplegado la agenda propia de quien llega a la presidencia con toda una legislatura por delante.
Como presidente nato de la Fundación Villalar, encargada del programa oficial de actos a celebrar el 23 de abril en la localidad comunera, en su papel está defender dicho símbolo histórico como seña de identidad de la actual comunidad autónoma. Pero ha chirriado el ardor con que se aplicado a ello. No solo por su llamamiento a todos los partidos políticos a respetar la «esencia» de Villalar, algo que de por sí cuestiona el buen juicio de las fuerzas políticas que por cualquier razón disientan del símbolo elegido para sustentar la fiesta oficial de Castilla y León.
Ibáñez tampoco ha estado afortunado al proclamar en vísperas del 23 de abril que «tenemos que sentirnos orgullosos de ser de verdad una región histórica». Craso desconocimiento del Estatuto de Autonomía de Castilla y León, que en su preámbulo afirma que la comunidad autónoma de Castilla y León «surge de la moderna unión de los territorios históricos que componían y dieron nombre a las antiguas coronas de León y Castilla». Reducir eso a una «región», por muy «histórica» que se pretenda, no parece lo más adecuado con lo que ese mismo preámbulo define como «comunidad rica en territorios y gentes, configurada por castellanos y leoneses, respetuosa con la pluralidad que la integra…».
Se diría que el presidente de las Cortes, al que por otra parte nadie recuerda haber visto en Villalar antes de ser elegido, va a hacer ahora cuatro años, procurador, se ha dejado arrastrar por típico exceso de entusiasmo que caracteriza a los conversos.