Diario de León
Publicado por
FRANCISCO J. LóPEZ RODRíGUEZ Profesor
León

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N os encontramos en la antesala de unas elecciones, que son transcendentales para este país. Todos los partidos se lanzan al ruedo con toda clase de morlacos. Los griegos decían que la democracia es el gobierno de los mejores. Pero, ¿de verdad tenemos a los mejores? No. Tenemos a los más avispados. Tenemos a una tropa que se ha alistado al ejército «¡Qué tropa, joder, qué tropa!», decía el Conde Romanones que se llevó una sorpresa cuando su secretario le comunicó que no había sido elegido. Ese ejército quiere cambiar el mundo, quiere cambiar la sociedad. Decía León Tolstoi que «hay muchos que quieren cambiar el mundo sin darse cuenta de que lo primero que tienen que hacer es cambiar ellos».

Este país, España, está muy cabreado. El cabreo está provocado por los propios políticos. En política todo vale. Todo se degrada. Vivimos en una sociedad de equilibristas, de mercaderes, de fanfarria, de titiriteros. Ya llevamos el ganado a la plaza. Hay de todas las especies, predominando el asnal o garañones, el caballar, el mular, toda clase de vacuno e inclusive bueyes con cuernos muy pronunciados destacando sobre el resto de las vacas. Los entradores acuden prestos a comprar. ¡Cuánto vale la vaca! Y llega el intermediario y se parte al medio y trato hecho. Y el otro le compra la mula para trabajar y el burro para pasear y lo llevamos para las cuadras y la mula es falsa y me da muchas coces y el burro lo monto y me da de bruces en el suelo. ¡Qué compra he hecho! ¡Me han engañado! La vaca no empreña y, por supuesto, no me da leche. ¡Qué estafa! Ya estamos en campaña. Unos contra otros. Fuego amigo por aquí, bombardeo al enemigo por allá. Ya tenemos algunas propuestas. Aparecen las bufonadas. Cada uno a barrer para sí. Que disparates pueden encajar mejor en el público. Qué mensajes puedo transmitir a mi público para que me aplaudan, ¡presidente! ¡presidente! gritan unos, dales leña, gritan otros.

Hay que luchar contra el capitalismo, dicen los anticapitalistas, hay que dar de comer a los pobres y, mientras tanto, yo estoy comiendo el mejor marisco del cantábrico. Hay que construir viviendas sociales, mientras la mía la descalifico y la vendo con importantes plusvalías. Yo nunca pactaré con los que quieren romper España y después me aúpan al poder los independentistas. Yo defenderé a las víctimas de terrorismo y después pacto con los defensores de ETA. Yo bajaré los impuestos. Después, no me acuerdo y los subo. Y llegan las promesas. Ahí van algunas. Las hay muy variopintas, unas cómicas, otras trágicas, pero todas creíbles. El alquimista lanza el mensaje más audaz. «hay que considerar a los animales como seres que siente». Si embargo los hijos de la asesora de Podemos para la infancia los tiene como animales en una finca. Es decir, sienten más los animales que las personas. Y sigue el alquimista, hay que dar el voto a los de 16 años. Vale. Creo que te quedas corto, hay que dar el voto a los que inician la pubertad y, no cabe duda, serías presidente porque esos adolescentes que no saben lo que hacen, te auparán al cadalso. El otro titiritero dice: los empresarios son unos explotadores y yo tengo a mi asistenta sin asegurar. El alquimista sigue: hay que asaltar los cielos, hay que eliminar la casta.

El filibustero lanza la soflama: qué vienen los bárbaros y os quitan las pensiones y consiguen inculcar en los pensionistas que si entran los otros les van a quitar la paga. Y sigue el filibustero: no hay nada que no se vaya a solucionar ¡votadme! Yo soy el que garantiza las pensiones. Y el embaucador continuo: yo os voy a garantizar una ayuda de por vida sino tenéis trabajo. Ya se acabó el paro. Y el Gobierno con su fanfarria anuncia: ayudas a los parados mayores de 30 años, subsidio a los mayores de 52 años.

Españoles, dice el filibustero, votadme esto es un paraíso, todos cobrando y sin trabajar. ¡Viva España! ¿Quién pagará la factura? Nada, los empresarios, que son los que roban y los trabajadores. A aquellos los frío a impuestos. Nos preocupéis si vais al paro, seguís cobrando. ¡Qué país! No lo va a conocer ni la madre que lo parió. Ya estoy en la Moncloa.

Todos los españoles a partir del día 28 de abril vamos a vivir sin trabajar, bueno, salvo los empresarios. Los 3.304.000 parados, los que no estén cobrando prestaciones automáticamente serán beneficiarios de toda clase de ayudas. Que el estado se arruine, da igual. Yo seguiré en la Moncloa. No importa que haya traicionado todo principio ético. No importa la traición a la patria, da igual. No importa que indulte a los golpistas. Seguiré hinchando a los vascos con toda clase de beneficios y los demás españoles a trabajar por la causa. No importa que sea presidente con los votos de los que quieren romper España y la han desguazado.

Hoy ha llegado a la política los menos preparados. Ya lo decía Maquiavelo al príncipe: sé amable con el visitante, agasájale con toda pompa y despídelo con toda clase de promesas. Pero cuando se haya alejado y esté de vuelta a su país, haz lo que mejor te convenga. Y ¿qué es lo que conviene a un político hoy en España? Lo que puede ocurrir es que el final de los mercaderes sea la quiebra moral y material de este país que algunos quieren liquidar y que se llama España.

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