EDITORIAL | Un Ayuntamiento eficaz para poder hacer frente a los retos inaplazables
Las elecciones del domingo decidirán una corporación municipal que será decisiva para el futuro de León. En juego está un periodo en el que se tienen que sentar las bases para fortalecer en todos los órdenes una ciudad que tiene ser competitiva para retener a los jóvenes. Mejorar los servicios, facilitar alternativas y atraer proyectos que faciliten empleo son necesidades que determinarán la capacidad de León para invertir la tendencia, porque no puede ni debe mantenerse esa trayectoria a la baja en todo tipo de estadísticas.
El objetivo parece compartido por todos y la experiencia de los últimos cuatro años prueba que los gobiernos fuertes son los únicos que toman iniciativa. La atomización y la entrada como fuerzas de peso de quienes ni quieren ni valen para gobernar sólo lleva al colapso de las instituciones, como prueba lo ocurrido con la avenida de Ordoño II, sobre la que todas las fuerzas comparten el deseo de que sea peatonalizada y el titubeo nunca explicado de Ciudadanos acabó por convertir en imposible lo que habría sido un claro beneficio para la ciudad.
León tiene auténticas urgencias y la disposición de un ejecutivo fuerte —del color que sea— facilitará una actividad eficaz, clara y con visos de éxito para todos. En la Democracia española se habla mucho del llamado voto útil. Quizá seas un término denostado. Pero las experiencias vividas en los últimos tiempos evidencian que ya no se trata tanto de que los votos vayan a formaciones con opciones de conseguir escaños. Se trata de que esos votos faciliten el apoyo a quienes realmente tienen capacidad, experiencia y disposición para que al día siguiente de las elecciones se active lo que realmente interesa y afecta a los ciudadanos, la gestión de las administraciones. Anoche, el debate de La 8 clarificó la diferencia entre los dos alcaldables y el resto.
Lo peor que le podría ocurrir el Ayuntamiento de León sería sumirse en una crisis por la paralización derivada de la atomización de fuerzas. Durante cuatro años se han visto los efectos en Ponferrada, Villaquilambre, San Andrés del Rabanedo, y un largo etcétera de ayuntamientos grandes y medios, cuyos balances contrastan drásticamente con sitios como La Bañeza y Astorga, que gracias a las mayorías claras han podido avanzar y poner en marcha incluso nuevos proyectos.