Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Hablemos del dolor y de sus territorios vecinos. La semana pasada, el escritor José María Merino y el médico psicoanalista Luis Salvador López conversaron, en el Colegio de Médicos, acerca de la relación entre enfermedad y literatura. Este expresó su convicción de que los escritores reciben a través de sus dolencias percepciones de las que suelen carecer los autores sanos. Así lo creo también. Merino, sin negarlo, matizó que también ha creado personajes que no nada tienen que ver con él mismo.

Durante las intervenciones del público, apunté que del mismo modo que percibimos la epilepsia de Dostoyevski y la demencia sifilítica de Nietzsche, en algunas de sus respectivas obras, también es posible rastrear en otros autores la a priori contradictoria relación entre el dolor físico/psíquico con lo humorístico. En efecto, a priori. Muñoz Seca escribió La venganza de don Mendo con terribles dolores, por una úlcera de duodeno. Mark Twain y Tip tuvieron en común, a mayores de la vis cómica, que ambos perdieron hijos, ¿hay desgarro mayor? Woody Allen comenzará en julio, en San Sebastián, el rodaje de su nueva película, tras haber sido demonizado por la inquisición de quienes nada saben pero condenan. ¿Cómo combinará esta vez la triple rima cervantina de amor, humor y dolor? Ojalá nos dé otra obra maestra.

En política es frecuente el sarcasmo faltoso, pero que provoque risas no lo hace humorístico, que conlleva distanciamiento socarrón. El leonés Fernando Rey, ya en funciones en Educación, abandona sin dolor la política, pero con su buen humor intacto. Vuelve a la Universidad. Es un ejemplo de calidad intelectual y humana, con un sentido del gag ligado a la ternura. Ha hecho pública una carta de gratitud, dirigida especialmente a los docentes, a los que reconoce que han tenido sobre él un «efecto terapéutico». El suyo es adiós de caballero andante, que pide disculpas por los posibles errores y deja a otros que señalen los aciertos. Un gran consejero, al que se echará mucho de menos.

Terminé ayer la tarde en la exposición de García Zurdo, en el Paraninfo, mientras la ciudad era zarandeada por el viento, que todo se lo puede llevar menos nuestra esperanza. O sea, nuestro humor.

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