Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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Definitivamente, en política nunca acabaremos de verlo todo. Por muchas oprobiosas truculencias que hayamos conocido en el pasado, el deslumbramiento por el poder engendra enjuagues y componendas más aberrantes aún que las anteriores. El máximo ejemplo lo hemos tenido en la ciudad autónoma de Melilla, donde el único corporativo de Ciudadanos ha sido elegido nuevo presidente por una asamblea integrada por 25 diputados.

Es verdad que el susodicho ha ido por libre, desoyendo las instrucciones de su partido, que, siguiendo la pauta general en toda España, se había comprometido a apoyar, junto a Vox, al candidato del PP, que por cierto llevaba 19 años gobernando la ciudad autónoma.

Lo grave es cuando operaciones tan aberrantes no responden a la ambición personal del trásfuga de turno, sino que a acuerdos conscientemente asumidos por las direcciones de los partidos. Que es lo que ha forzado la formación de Albert Rivera en Castilla y León, al exigir determinadas alcaldías y presidencias de Diputación como moneda de cambio por prestar sus votos para que el PP mantenga la presidencia de la Junta. Un cambio de cromos propio de la política más rancia, en las antípodas de la regeneración democrática que abanderaba Rivera.

Consecuencia de ello es que el nuevo alcalde de Palencia lo es tras haber obtenido en las pasadas elecciones tan solo con tres de los 25 concejales de la corporación, toda una burla a la voluntad popular que no prestigia precisamente a sus responsables. Y en Burgos no se ha perpetrado un enjuague similar porque los dos concejales de Vox no han tragado con el apaño pactado entre Cs y PP. Pero ya ha advertido el ex alcalde del PP, Javier Lacalle, que se pondrán manos a la obra para corregir dicha «anomalía democrática». El partido que se desgañitaba a favor de que gobernara la lista más votada califica ahora de «anomalía democrática» que dicho hecho se haya producido en la capital burgalesa. Una confesión en toda regla de que no hay más principio que valga que el de aferrarse a la mayor cuota de poder al precio que sea.

Y están pendientes de constituir las diputaciones provinciales, en la mayor parte de los cuales puede pasar cualquier cosa, ya que en solo dos de las nueve se ha producido mayoría absoluta. Para empezar, Ciudadanos, que propugnaba su supresión, pretende presidir desde su ínfima minoría las de Burgos y Palencia. Veremos si se consuma tan obsceno reparto de botín.

Entretanto, PP y Cs darán el próximo viernes en las Cortes de Castilla y León el primer paso hacia un gobierno de coalición encabezado por Alfonso Fernández Mañueco, contra casi todo pronóstico próximo presidente de la Junta. Así lo ha decidido, el sabrá porqué, Albert Rivera.

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