La UME extranjera
Cataluña, y en concreto la parte sur de Tarragona por donde el río Ebro desemboca en el mar Mediterráneo, está padeciendo el peor incendio del verano. Las hectáreas arrasadas se cuenta ya por miles y la catástrofe ecológica debería marcar el verdadero debate sobre qué ha fallado. Pero una vez más, con intención o sin ella, se ha conseguido desviar la atención hacia lo más superfluo, el debate generado por la declaración que roza la estupidez más absoluta.
El presidente catalán Quim Torra y su consejero de Interior, Miquel Buch, se han referido a la intervención de la Unidad Militar de Emergencia (UME) con pronunciamientos ridículos apelando a la supuesta intervención de otro estado vecino, porque desde el frente independentista siempre se intenta señalar a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, y al Ejército como «fuerzas de ocupación». La pérdida del sentido del ridículo hace tiempo que quedó muy atrás en un trayectoria que resulta un insulto hacia la ciudadanía en un Estado democrático de derecho como es el español desde hace ya décadas.