HOJAS DE CHOPO
Semana Negra
Desde el 5 al 14 de este mes de julio se celebró en Gijón la trigésimo segunda edición de la Semana Negra, un acontecimiento, entre lúdico, festivo y literario, que concita el interés progresivamente acelerado no solo regional, también nacional e internacional, y que en esta nueva cita ha supuesto el récord de venta de libros y de visitantes (más de medio millón de personas). Con una incesante muestra de actividades a lo largo de todo el año, la Semana Negra se convierte en una gran fiesta de la ciudad, que la ha asumido como propia, sabedora de su repercusión tanto cultural como económica, que no tienen por qué estar reñidas. Al contrario. Un centenar y medio de autores han participado en el evento: presentaciones, mesas redondas, conferencias, recitales, conciertos… Una semana intensa que sigue hablando, en su integridad y en el conjunto anual, de un Gijón acogedor, culto, jaranero y de horizontes abiertos.
Entre los autores presentes en la Semana, una nutrida representación leonesa: Ramiro Pinto, Secundino Serrano, Alejandro Gallo, Juan Carlos Vázquez, cuyo libro El nombre de los barcos fue presentado por la gordonesa de Santa Lucía Noemí G. Sabugal, «periodista cultural y escritora indispensable en la SN», tal como la califican desde la organización. Activos en diversas actividades, como Luis Artigue, que añade el reconocimiento de la concesión del Premio Celsius, de la Semana Negra, por su novela Donde siempre es medianoche, considerada la mejor obra de fantasía del pasado año. Si no me fallan las notas y la memoria, estos son los nombres leoneses cuya presencia fue requerida en la hermana y hermosa ciudad asturiana, tan próxima por tantos motivos.
De los datos a la reflexión, o a la propuesta, como quieran. A nuestros representantes se les llena con frecuencia la boca aludiendo al patrimonio leonés, sin precisar con exactitud los límites y las acciones necesarias que han de conducir a su potenciación. La palabra, con sus múltiples variaciones, tanto geográficas como históricas, y la literatura son parte esencial de ese patrimonio. No puede perderse de vista esta realidad, tan olvidada aquí, tan valorada fuera. Por eso uno cree humildemente que ha de tenerse en cuenta potenciando acciones de notable calado en este sentido, antes de las lamentaciones, que, como siempre, ayudan a definirnos. El cambio de signo político y las constantes alusiones a nuestro Patrimonio tienen ahora la oportunidad. Veremos. O no veremos nada.