Publicado por
Francisco J. López Rodríguez, profesor
León

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Nos preguntamos ¿esta sociedad es violenta o la hacemos violenta? ¿Qué virus hay en el pensamiento humano para matar, suicidarse, acosar? Hace unas semanas apareció en el mar el cuerpo de una niña de catorce años, parece ser víctima de lo que hoy llamamos bullying. Nos preguntamos ¿por qué? ¿Qué pensamiento anidó en esta niña? y ¿quién o quienes, en su inconciencia, convirtieron en la realidad una tragedia? ¿Cómo se llega a esta situación? Volvemos a preguntarnos ¿por qué la violencia, el acoso? ¿Qué pasa por ese cerebro?

Nunca hemos maltratado y herido tanto nuestra sociedad como en los últimos tiempos. Rousseau afirmaba: el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe. El hombre es producto de la sociedad. En otro orden opuesto, Hobbes decía: que un hombre es un lobo para otro hombre, es decir la violencia parece que es innata al hombre o nacemos violentos. Por el contrario, el filósofo francés manifestaba: el hombre nace libre, no es violento, pero es la sociedad quien le incita a la violencia y esto lo manifiesta en “el buen salvaje” donde el hombre tiene que defenderse porque, sino será aplastado por esa sociedad integrada por múltiples enemigos.

La historia nos enseña que la violencia ha sido una constante a lo largo de los siglos, esa violencia tenía como objetivo defenderse de los enemigos, estar preparados física y mentalmente. Es cierto que hoy en día, en las sociedades actuales, podemos decir que el mayor enemigo del hombre es el hombre. Somos la única especie que ataca premeditadamente y no, por instinto. No se trata de supervivencia ni de defensa propia, nos movemos guiados por intereses egoístas, somos intolerantes y posesivos. ¿Actuamos así por instinto? ¿Está ese comportamiento en nuestra naturaleza? En caso negativo, llamarnos animales, sería insultar a los animales, los cuales sí que se mueven impulsados por el instinto ya que no tienen la capacidad para razonar que tiene el ser humano.

Voltaire, en el Tratado de la tolerancia, viene a decir que al ser humano se le dota de un cuerpo común unívoco, sin el cual se extraviaría. Comienza siendo un deísmo humanista. No hace falta, según Voltaire, que por cierto se declaraba ateo, un gran arte y una elocuencia rebuscada para demostrar que los cristianos deben tolerarse los unos a los otros. Voy más lejos: os digo que hay que mirar a todos los hombres como nuestros hermanos. Cómo ¿mi hermano el turco?, ¿mi hermano el chino?, ¿el judío?, ¿el siamés? Sí, sin duda; ¿no somos acaso todos hijos del mismo padre y criaturas del mismo Dios? ¿Qué le falta a esta sociedad? ¿Le falta religión? Y ¿qué es la religión?

No es lo que los escépticos, agnósticos o ateos piensan, es decir, que no hay nada más allá del ser humano. No, la religión es una palabra que tiene el significado de estar ligado o atado a algo, a principios de respeto, de armonía, de paz y tranquilidad. Y esto ¿dónde se consigue o se enseña? Primero, en la familia y, segundo, en las aulas, en el colegio. Y ¿cuáles son las causas?

Esta sociedad creemos que no está preparada para afrontar el reto y, en especial, las armas sofisticadas que están al alcance de todos que son ni más ni menos que las redes sociales. Las redes sociales son, si no se usan adecuadamente, bombas atómicas que reaccionan y explotan por doquier y en cada momento sin que usemos protección ni tengamos defensa, dejando en el campo de batalla muchos muertos y heridos. Difícil de solucionar estas provocaciones cuando está por medio el interés económico.

El imperio de la economía no beneficia en absoluto la violencia social. Un adolescente nace a la vida del desarrollo antes de tiempo. Sus sentidos están estimulados por instintos, anulando por completo las capacidades que deben apreciar donde está el mal o cual es el bien. O se limitan los medios o, de lo contrario, difícil afrontar el reto ya que no es que se eduquen en la violencia es que, por inercia, son empujados hacia ella.

Aparece el ídolo antes de tiempo. Aparece el gallo de corral. Surge el grupo, liderado por el cabecilla. Lo que está fuera, es desprecio. Hay un endiosamiento y, a los demás, se les ve: feos, gordos, flacos, bajos, competitivo y me quitas el amigo, la amiga o el presunto novio o novia que nace del despertar afectivo, del morbo y de la curiosidad. Parece que todo es: educar, formar y según te eduquen así serás. No cabe duda de que la educación ha transformado a los pueblos, a las personas.

Esparta se preocupó de una manera especial de la juventud que estaba orientada a formarse en la máxima economía expresiva, hasta el punto de hacer proverbial la concisión espartana al hablar (laconismo). Se esperaba del joven que llegara a expresar sus ideas con solidez, pero de forma breve y mordaz. Esparta sometía a los máximos sacrificios a los adolescentes y jóvenes. Deberían estar preparados para la guerra, ser fieles defensores de la patria. Se les permitía robar para comer, pero si eran sorprendidos se les castigaba severamente no, por el robo mismo, sino, por su torpeza al cometerlo. También se les preparaba para defenderse en la sociedad, en especial, se prodigaba la educación retórica.

Y ¿otros pueblos? ¿qué importancia ha tenido la educación? Los kuakiuls, una tribu de América del Norte, su educación natural se basaba en la competencia, en el dominio en quien manejaba mejor la lanza, quien era el mejor guerrero, quien cazaba mejor, quien obtenía más piezas. En la educación, eran competitivos quien terminaba antes en las pruebas, quien era el mejor. Por el contrario, el pueblo zuñi, también de América del Norte, no daba importancia a la competencia. Lo importante era la cooperación y ayuda. Cuentan que llega un maestro nuevo a la comunidad y en los exámenes observa que muchos alumnos se detienen y con el rabillo del ojo miran a su compañero.

Si este tiene dificultad y no avanza espera a que desarrolle el ejercicio. Y la educación interviene en hechos macabros, es decir, se les educa para matar. Un ejemplo, los terroristas de ETA que prendieron en las escuelas de terrorismo de Argelia, de Chequia, a despreciar lo que no era vasco y mentalizarse que había que destruir al enemigo: fuerzas de seguridad del estado, el propio estado etc. ¿qué pasó por la mente del que asesinó a Miguel Ángel Blanco? Solo es fruto de una enseñanza que recibió ese animal hombre. Esa educación inoculó en su cerebro ocasionar una muerte violenta.

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Pues bien, en la educación están los límites del ser humano. Esta educación, como se ha dicho, empieza en la familia y continua en las aulas. Pues bien, si la educación es el remedio pongámoslo, pero los enemigos están siempre acechando. Eduquemos a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes a ser pacíficos, solidarios. Al pueblo kuakiuls se educaba para ser competitivo. Al pueblo zuñi, para ser solidario y a los espartanos para defenderse en la guerra y en la sociedad. Creo que tanto Rousseau como Hobbes tenían razón. El ser humano nace libre, la sociedad lo corrompe y, por tanto, surge el lobo que con sus zarpas atrapa, mata y devora al otro. Si la educación es el remedio, no sé a qué esperamos.