Publicado por
José Antonio Balboa
León

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NINGUNA de las huelgas generales de esta democracia, que acaba de cumplir 25 años esta semana, ha sido tan controvertida como la que los sindicatos le han hecho al gobierno de José María Aznar el pasado día 20. Las tres anteriores a Felipe González fueron más contundentes pero tuvieron un mensaje más directo y compartido por todos, aunque fuera a regañadientes de los socialistas. Las ganaron los sindicatos en la calle y en la posterior modificación de las leyes en discusión. En esta última huelga, la disparidad de opiniones entre gobierno y sindicatos no puede ser más grande. Discrepan de los motivos, los servicios mínimos, el papel de los piquetes y, por supuesto, el seguimiento logrado. Para los sindicatos, el origen del conflicto hay que situarlo en el «decretazo» con el que el gobierno, a las bravas, ha intentado una reforma del empleo, necesaria pero no con los recortes a las prestaciones que se proponen. Para la oposición socialista, la gran perdedora en este conflicto, con un Zapatero muy tocado en su imagen, la huelga no fue sino la respuesta de la sociedad española a la retrógrada política social del gobierno de Aznar. Para el gobierno, por su parte, ésta no fue una huelga sindical, sino una huelga política en la que el PSOE ha instrumentalizado a los sindicatos para, irresponsablemente, cuestionar la política del PP y la imagen de España ante sus socios europeos en la cumbre de Sevilla. Los socialistas, según el PP, no podían permitir que Aznar se fuera de rositas tras ocho años de gobierno. Los sindicatos, en su seguidismo del PSOE, se olvidaron de los muchos pactos firmados con el PP, del excelente clima social que ha reinado en estas dos legislaturas y sobre todo los tres millones de empleos creados por esa política. Había que hacer una huelga al Bigotes y se hizo. Se hizo, pero en esto las discrepancias son aún mayores. Ya sabemos que las huelgas generales, que nada tienen de revolucionarias, son hoy una política de imagen en la que cuentan mucho las cifras. Ahora bien, aquí alguien miente descaradamente o nos toman a todos los ciudadanos por idiotas; ¿cómo se puede discrepar en más de 60 puntos de diferencia en el porcentaje ofrecido por unos y otros? Según el gobierno el porcentaje de participación no supera el 16%, cifra que los sindicatos elevan al 84%. Lo mismo podríamos decir de las manifestaciones; pues de la de Barcelona los convocantes dieron cifras de medio millón frente a las doce mil del gobierno. Esto no puede ser; pero lo más grave ha sido ver y escuchar la información ofrecida por algunos medios de comunicación, tendenciosa en todos los casos. Según la SER, Canal Plus o Tele 5 la huelga fue un éxito total; así no ofrecían más que imágenes de fábricas desiertas, comercios cerrados, piquetes dialogantes. En otras radios y cadenas de televisión, como TVE, la imagen ofrecida fue de total normalidad, fábricas cerradas pero con los trabajadores dentro, centros de salud con médicos y pacientes, coches numerosos en las entradas de las ciudades, piquetes violentos, etcétera. Todos han salido tocados de esta huelga, aunque no en el mismo grado. El gobierno se equivocó en las formas, tratando de imponer por medio de un decreto unas medidas que necesariamente tiene que pactar con los sindicatos, cuantos antes mejor; pero éstos han respondido con una huelga general utilizada muy a la ligera. Les será difícil mantener la tensión en un país donde se respira un aire de paz social evidente. No estoy de acuerdo con los que niegan representatividad a los sindicatos españoles. Ciertamente no tienen mucha afiliación, pero son representativos, como los partidos políticos, pues la mayoría de los miembros de los comités de empresas están afiliados a sindicatos, y dichos comités se eligen democráticamente entre todos los trabajadores, estén o no afiliados. Pero uno de los aspectos que más me llamaron la atención de la huelga fueron los piquetes, no por su violencia, sino por su edad; pues la mayoría de los integrantes eran mayores de 40 años e incluso de 50. Algo falla en los sindicatos cuando la mayoría de sus miembros son personas de edad ¿Acaso su discurso no es capaz de enganchar a la juventud?

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