Aznar y la sociedad
EL presidente Aznar le han revelado los sondeos de opinión que al PP se le estaban escapando muchos votos por el aliviadero del autoritarismo, y la remodelación ministerial parece haber sido la respuesta de La Moncloa a esas advertencias de la sociedad. Pero además de las encuestas, que señalan tendencias del electorado, los Gobiernos disponen de datos más fiables, absolutamente fiables, como son las elecciones. Y las dos últimas elecciones generales, años 1996 y 2000, indican meridianamente que las urnas premian el diálogo social y el consenso político, aunque sólo sea entre aliados. En 1996, y con el PSOE doblando la rodilla, Aznar obtuvo una exigua mayoría minoritaria, pues la sociedad recelaba de los modos abruptos y excesivamente desahogados que había empleado el PP desde la oposición. Pero una legislatura de entendimiento con los sindicatos, de acuerdos con los nacionalismos catalán y vasco -desestimándose posiblemente en La Moncloa hacia dónde podría derivar un PNV dejado a su libre albedrío- y un talante gubernamental sin perceptible engreimiento derivó en la mayoría absoluta del 2000. Y ya con parlamentarios de sobra, Aznar corta amarras con los sindicatos, solivianta a los rectores de universidad, a los estudiantes, a comunidades autónomas gobernadas por colores adversos, al mismo Pujol..., hasta el punto de que una huelga semigeneral de gran éxito, inconcebible dos años antes, coloca al Gobierno a la defensiva. «¿Quo vadis, PP?». Hay que dar marcha atrás, decidieron los cerebros cercanos al presidente del Gobierno, pero ¿cómo?. Se ha cambiado al ministro de Trabajo, y el nuevo, Zaplana, telefoneó inmediatamente a los líderes sindicales para charlar. Pero Méndez y Fidalgo, más que charla, quieren decisiones, la retirada del decretazo, que no va a producirse, y en su respuesta al ministro dijeren que a ver si el Gobierno arregla el desbarajuste en que se encuentra, porque el presidente Aznar les remitió a Rato, éste a tres ministros, dos cuales han sido cesados, y ahora no saben con quien hablar ni, lo más importante, si el Gobierno se ha aclarado. La realidad es a veces muy crítica consigo misma, pues la descripción sindical de la realidad es muy exacta. Lo cual no significa que el Gobierno no vaya a cambiar de actitud. Tampoco va a retirar el decretazo de su tramitación parlamentaria, pero ya hay quien apuesta doble contra sencillo a que la reforma del sistema de desempleo, cuando salga del Senado, ofrecerá las modificaciones necesarias para que el diálogo social se reinstaure. Ahí tiene Pujol una baza que jugar, y seguramente va a jugarla con acierto.